En el Congreso de los Diputados se celebró el día de la Constitución con presencia de todos los líderes políticos. El Presidente del Gobierno, Mariano Rajoy, reiteró que no ve «una prioridad» reformar la Constitución.
HOY, 6 DE DICIEMBRE, se celebra el Día de la Constitución en recuerdo de la jornada de su aprobación, del año 1978, por los españoles. Es la primera vez que esta jornada se celebra en plena campaña electoral y al día de hoy todas las encuestas avanzan que los partidos que defienden su reforma -todos menos el PP, que tiene una opinión no concluyente- lograrán la mayoría absoluta, es decir, PSOE, Ciudadanos y Podemos, además de minorías como IU y nacionalistas.
Sostiene elPPdeMariano Rajoyque no hay consenso parareformar la Constitución. CoincidenPSOE,CiudadanosyPodemos, entre otras fuerzas políticas, que es una necesidad imperiosa por distintos motivos y no todos territoriales. Y que pase lo que pase, el debate ha de abrirse en la nueva legislatura. Las tesis políticas del uno y los otros resonarán este6 de diciembreen elCongreso.
¿Quién está en lo cierto? Enuna España poco dada al referéndum, roza la utopía imaginar que se consulta a los ciudadanos si anhelan o no someter a su Carta Magna a una actualización, a una intervención que requierebisturí político fino. Así que el pragmatismo empuja a despejar la incógnita de lo que puedan pensar sus próximos representantes en Cortes.
En el caso de Rajoy, la respuesta es recelosa. Él no lo ve. Él es el único de los cuatros principales aspirantes a La Moncloa que no ha incluido la cuestión en su programa. Le contraría el asunto. Cree que en clave interna se le amargaría entre las manos el melón constitucional si se decide a abrirlo y, además, sospecha que no lograríasaciar la hambruna independentista. Que es demasiado tarde.
Y no será porque uno de los socialistas que más admira,Alfredo Pérez Rubalcaba, no le sugiriera, le aconsejara y hasta en alguna ocasión casi le rogara en privado que aprovechara la décima legislatura, la que ya se extingue y en la que el PP ha gozado de mayoría absoluta, para poner en marcha unaponencia en el Congreso. Que se comenzara a debatir sin ansiedades.
El ‘alquimista’ del PSOE confiaba en los efectos balsámicos de una iniciativa que, como mínimo, pudiera abrir la puerta aldiálogo con y sobre Catalunya. Pero sus esfuerzos fueron baldíos.
No fue el de convencer a Rajoy el único empeño de Rubalcaba en torno a la reforma constitucional que protagonizó en sus años de secretario general. Según el relato de su entorno, tampoco fue un ‘vidi, vini, vinci’ el persuadir a sus propios compañeros de que tocaba dar un golpe de timón en el barco delPSOEy, navegando junto alPSC, colocar la proa rumbo almodelo federal.
La expedición se enfrentó atormentas propias y ajenas. Lavieja guardia. Los nuevos guardianes (guardiana en algún caso) de las ‘esencias’ socialistas. Los entusiasmados con el derecho a decidir. Los enojados con los estusiasmados con esederecho a decidir. Los que no entendían el giro y alertaban de que lo preocupante era lasangría por la izquierda. Los que se burlaban del denuedo de Rubalcaba desde la madrileña calleGénova.
Finalmente, el 6 de julio de 2013 vio la luz la llamadadeclaración de Granada, con la que el entonces jefe de los socialistas creía haber cuadrado un círculo. Allí se abrazaba el federalismo como el ‘justo medio’ virtuoso entre losanhelos de recentralización o de secesiónque pudieran mostrar terceros. Y se apuntaba también la oportunidad de abrir una futura reforma de la Constitución a la inclusión de derechos sociales.
Justo a ese extremo y a la introducción además demejoras democráticasse agarró el actuallíder y candidato socialista, Pedro Sánchez, para hacer suya con algunos importantes retoques y matices la declaración granadina e incluirla ensu programa.
Sánchez ya se ha comprometido a aprobar una propuesta concreta en uno de sus primeros cinco consejos de ministros, si resulta vencedor en las generales. Por tanto, también quiere y propondrá para la undécima legislatura una renovación de la Carta Magna. En el modelo territorial, sí, pero especialmente en lo que atañe a derechos sociales y regeneración.Es en esos terrenos donde el PSOE tiene más posibilidades de encontrarse con otras dos fuerzas políticas que, según los sondeos, van a irrumpir en las Cortes con vigor y/o hasta con capacidad de poner o tirar gobiernos: Podemos y Ciudadanos.
Con este panorama, el Congreso que emane de las urnas el20Dtendrá seguramente cuatro partidos ocupando la gran mayoría de sus escaños. De esos cuatro, tres entienden que hay que modificar la Carta Magna (segúnel último CISy cogiendo la parte más baja de la horquilla del muestreo, supondría que como poco185 diputados estarían a favor de abrir el debate constitucionalfrente a los 120 del PP, instalados en la negativa), aunque como gusta de resaltar Rajoy sus objetivos son diferentes.
¿Será motivo suficiente esa mayoría proclive a crear una ponencia sobre la reforma para que el actual presidente, en caso de volver a vencer, ceda y dé el paso?.
Lo cierto es que el entorno de Rajoy da por hecho que esaponenciaserá sin dudauna de las condiciones que su aspirante tenga que aceptar si quiere investidura. E igual de cierto es que, programas electorales en mano, no resulta descabellado pensar que socialistas, Ciudadanos y podemitas podrían ponerse de acuerdo sin titánicos esfuerzos en modificar la ley fundamental parabrindar derechos socialesyregenerar instituciones. Además, tampoco es delirio augurar que si la ponencia se abriera, el PP no tendría sencillo ponerse de perfil en esos asuntos.
El presidente del Gobierno,Mariano Rajoy, ha subrayado hoy quella CE goza «de una salud muy buena, por fortuna», aunque ha asegurado que no se cierra a la posibilidad de reformarla y estudiaría las propuestas que se presentasen.
No obstante, Rajoy ha señalado que «todo el mundo» habla de cambiar la Carta Magna, en alusión a las demás fuerzas políticas, pero»todos tienen el mismo problema, no se sabe qué quieren reformar».
«Yo no me cierro, si alguien tiene algún planteamiento estoy dispuesto a considerarlo», ha asegurado Rajoy, quien ha insistido en cualquier caso en que es necesario el consenso.
Ha insistido, eso sí, en queno considera «una prioridad» cambiar el texto constitucional, porque para él las prioridades deben de ser cuatro: el empleo, mantener el estado de bienestar con las pensiones y los servicios esenciales, la unidad de España y la lucha contra el terrorismo.
La Constitución, ha subrayado Rajoy, trajo «muchas cosas» como la libertad, la democracia, la garantía de unos derechos y libertades y también «afirmó la unidad de España y la soberanía nacional», que supone, ha insistido, en que «lo que sea España lo deciden todos los españoles».
Ha recordado asimismo que la Carta Magna, a la queha querido hacer un «modesto homenaje», fue aprobada por «una gran mayoría de los españoles» y consiguió poner de acuerdo, tras una «etapa muy complicada», a quienes habían colaborado con el régimen anterior y a sus opositores.
«Se apostó claramente por la concordia, el diálogo y la tolerancia», y se decidió «dejar de mirar al pasado» y hacerlo hacia el futuro.
En estos momentos, ha insistido, la Constitución «goza de una salud muy buena» y bajo su mandato se han vivido muchos años. «Y espero que sigamos haciéndolo en el futuro».





