La Consejería de Cultura, Turismo y Deporte ha dado un paso decisivo para la preservación del patrimonio histórico y paisajístico de Santander con la publicación en el Boletín Oficial de Cantabria de la resolución para declarar el frente marítimo de El Sardinero como Bien de Interés Local, dentro de la categoría de Lugar Cultural. Con este procedimiento se amplía el área de protección que el Ayuntamiento de Santander había limitado en su solicitud a las barandillas históricas de Piquío y del frente marítimo de la Segunda Playa de El Sardinero.
Tras el análisis de los técnicos de Patrimonio Cultural, el Ejecutivo autonómico ha determinado que el alto valor arquitectónico, ambiental y social de la zona exige tutelar la totalidad del conjunto costero, asegurando una visión unitaria de este espacio emblemático de la capital.
Dentro del delimitado perímetro que pasa a ser protegido adquiere especial protagonismo el Promontorio de Piquío, considerado uno de los miradores e hitos urbanos más significativos de Santander, abarcando tanto su estructura como sus jardines y uno de los dos nidos de ametralladoras de la Guerra Civil que se conservan en la línea litoral.
Junto a Piquío, la protección integral alcanza al Paseo Marítimo de la Avenida de la Reina Victoria en todo su recorrido, las balustradas históricas del frente costero, la Plaza de las Brisas, el Parque del Doctor González-Mesones y el conjunto de elementos urbanos diseñados dentro del proyecto histórico del arquitecto municipal Ramiro Saiz Martínez.
La incoación del expediente implica la aplicación inmediata del régimen de protección previsto en la Ley de Patrimonio Cultural de Cantabria. A partir de este momento, cualquier actuación urbanística o cambio de uso que se pretenda desarrollar en el entorno delimitado deberá contar con la supervisión de la Consejería de Cultura mientras no se apruebe un instrumento específico de planeamiento adaptado. Con este procedimiento, la administración autonómica busca garantizar la conservación de la identidad de El Sardinero, protegiendo el diálogo entre el medio natural de las playas y las intervenciones urbanas desarrolladas durante los siglos XIX y XX.







