La Plaza Porticada de Santander se ha convertido este miércoles en el escaparate del rotundo fracaso del modelo ideológico de la izquierda. Medio centenar de jóvenes y activistas afines a plataformas afines al progresismo radical se concentran en pleno centro de la capital autonómica en una acampada que, lejos de ofrecer soluciones reales, constituye la admisión implícita de la ruina provocada por la Ley de Vivienda del Gobierno de Pedro Sánchez. Son las propias políticas intervencionistas del Ejecutivo socialcomunista —que han destruido la oferta, disparado los precios y ahuyentado la seguridad jurídica— las que han abocado a la juventud a esta situación de desamparo que ahora pretenden capitalizar en la calle.
La jornada en el espacio emblemático santanderino estuvo marcada por la intervención de la Policía Local, cuyos agentes procedieron a sancionar con multas de entre 90 y 100 euros a los manifestantes por la instalación no autorizada de tiendas de campaña, ajustando las cuantías en función de la superficie ocupada. A pesar de la presencia del despliegue de la Policía Nacional para garantizar el orden público, los colectivos organizadores han continuado con su intento de convertir la plaza en un foro permanente de agitación política mediante talleres, asambleas y actividades en el Centro Cívico de la calle Alta.
El bucle de la agitación frente al pragmatismo de la derecha social
Organizaciones como el Sindicato de Vivienda de Cantabria o el denominado ‘Movimiento Ciudadano de la Plaza Porticada’ insisten en colectivizar el problema y utilizar casos mediáticos para justificar la ocupación del espacio público. Sin embargo, este despliegue de pancartas solo evidencia la impotencia de la izquierda, incapaz de asumir que su receta regulatoria y de blindaje a la okupación ha sido un fiasco absoluto que bloquea el mercado a los jóvenes que buscan emanciparse.
Frente a la deriva asamblearia y las acampadas que entorpecen la convivencia ciudadana en la capital cántabra, la única salida real a este drama social pasa por enterrar el dogma izquierdista. Mientras las plataformas radicales insisten en el colapso del sistema que ellos mismos han generado, la derecha social contrapone la necesidad urgente de liberar suelo, garantizar la seguridad jurídica del pequeño propietario y dar prioridad nacional a las familias españolas para atajar de raíz el problema de la vivienda.







