Tanto el líder del PP como Camacho no escatiman en Barcelona sus ataques contra Ciudadanos.
ElPPafronta lacampañadel24-Mcomo quien juega a esas máquinas recreativas en las que van saliendo topos de un agujero y hay que darles con un martillo de goma para que vuelvan a bajar. Un topo: losrecortes. Otro topo: lacorrupción. Otro topo:Ciudadanos. Otro topo:Podemosy el resurgir delPSOE(CISmediante). Otro topo: elpulso soberanistacatalán. El mazo: larecuperación económicacontra las «ocurrencias»de otras propuestas, incluida la independentista. Con el camino fijado para salir de la crisis ha atizado este viernesMariano Rajoya sus rivales en un mitin en el pabellón del Serrallo deTarragonaante unas 800 personas entregadas a todo poder ondeando banderas españolas y del partido.
Arropado por los ministrosJosé Manuel SoriayJorge Fernández Díaz; por el eurocomisario de Energía,Miguel Arias Cañete; por la líder delPPC,Alicia Sánchez-Camacho, y por el alcaldableAlejandro Fernández, el presidente del Gobierno llegó con el ánimo hinchado por la mayoría absoluta contra pronóstico deDavid Cameronen elReino Unido. «Sacaremos mejor resultado del que dan las encuestas. Incluso habrá sorpresas mayores en los municipios donde no se presentaCiudadanos», vaticinaba un dirigente popular.
También Camacho arremetió contra los «listos»de los sondeos. Lo hizo antes de espetar que «laindependenciaya no es ningún estímulo para nadie» gracias a la «firmeza»de su partido y no del deAlbert Rivera, al que le dedicó una pulla tras otra («en 10 años no han hecho nada») al tiempo que le servía en bandeja a Rajoy el arsenal económico, hablando de la bajada delparoy de la agenda reformista impulsada por su Ejecutivo.
«Ahora ya nadie habla de la prima de riesgo, del rescate, del déficit», le secundó el mandatario conservador, que auguró una «historia de éxito» paraEspañagracias a las medidas impulsadas por su Gobierno. Algo dijo también sobre el reto independentista al avisar de que no permitirá que se juegue con laConstituciónni con la unidad de España, pero sobre todo usó ese discurso de fin de crisis para cargar contra el PSOE («nos dejaron lo de siempre: deudas, ruina, paro y recesión») y también contra Ciudadanos yPodemos, pero especialmente contra Rivera.
Según Rajoy, el «cambio» que necesitaba España se produjo en el 2011 cuando él empezó a gobernar y ahora se empiezan a ver los frutos. Sin embargo, los «adanes» de otras fuerzas quieren «dar lecciones ahora, «cuando hace cuatro años «ninguno de ellos» proponía medidas.


