Pese a ello el 84% se muestra preocupado por la pensión que percibirá al retirarse. ¿Cuál es el problema de este dato? Que no pasa de ahí, de una preocupación, puesto que apenas el 23% se ha puesto a ahorrar de verdad.
©EL MUNDO CANTABRIA/BORJA CAVIA SANTANDERCuando pensamos en un jubilado, inmediatamente nos viene a la cabeza la imagen del venerable anciano contemplando una obra. Ese aspecto, el contemplativo, es posiblemente el más envidiado por aquellos que todavía no han alcanzado la edad suficiente para dejar de lado su vida laboral. Sin embargo, la jubilación encierra una cada vez más creciente preocupación económica, que ya quita el sueño al 84% de los cántabros, que creen necesario ahorrar para complementar la pensión que reciben del estado.
Una cifra por debajo de la media nacional, que alcanza el 89%, pero que deja bien a las claras que los ciudadanos de la región no confían en que el dinero recibido a través de la Seguridad Social no les alcanzará para satisfacer sus necesidad vitales.
¿Cuál es el problema de este dato? Que no pasa de ahí, de una preocupación, puesto que apenas el 23% se ha puesto a ahorrar de verdad. Los datos se desprenden de la III Encuesta sobre la Jubilación y los Hábitos de Ahorro elaborada por el Instituto BBVA de Pensiones, que demuestra que tan solo 2 de cada 10 cántabros ha comenzando a guardar dinero de cara al final de su vida laboral.La cifra es la más baja de toda España y contrasta sobremanera con la de Asturias, donde más del 40% de los encuestados ya ha comenzado a pensar en su futuro. Las excusas son diversas, aunque la predominante es la falta de recursos para poder hacerlo, pese a que un 66% de los cántabros asegura que todos los meses son capaces de retener parte de los ingresos que penetran en su cuenta corriente. Más cerca de la realidad, otro 25% afirma que todavía es pronto, puesto que les queda mucho para jubilarse.
Una etapa, la que viene después de toda una vida dedicada al trabajo, que divide a la población en dos partes casi iguales, la que considera que comienza su mejor época y que tendrá una felicidad superior a la de su época de empleado y otra que entiende que su nivel de vida no será el adecuado. Una creencia condicionada no por la adicción al trabajo, que alguno habrá, sino por el nivel económico que les proporcionará su pensión.
Los cántabros no son de gustos caros y consideran que necesitarían para vivir cómodamente tras la jubilación una media de 1.173 euros, una cifra similar a la de regiones como las dos Castilla y que está muy lejos, por ejemplo, de la de los ceutíes, que no podrían vivir sin menos de 1.590 euros, 312 más de lo que realmente esperan cobrar. Menos diferencia hay entre lo que necesitan ganar y lo que esperan ingresar en Cantabria: 176 euros.
Los números no mienten, por lo que los hogares cántabros tendrán que apretarse el cinturón si quieren disfrutar de una vejez dorada. No preocuparse por lo que pueda ocurrir después de la jubilación es un mal generalizado atraído por la falta de información de muchos de los encuestados, que no tiene claro cuántos años hay que cotizar como mínimo para cobrar una pensión contributiva o cuántos son necesarios para acceder al 100% de la misma.
La crisis económica que sufre España todavía hace que los ciudadanos sean escépticos con el futuro e incluso un 37% se atreve a vaticinar que el sistema de pensiones tal y como lo conocemos, desapareciendo completamente. El 59% que opina que sí podrán seguir percibiendo cantidad económica de la seguridad social asegura que ésta será menor que las actuales, especialmente debido al paro y a las dificultades financieras que el gobierno tendrá que afrontar y que les impedirá a hacer frente a las obligaciones con los jubilados.
Mucho dinero o poco, el 66% de los hogares cántabros consigue ahorrar una vez que el mes toca a su fin, aunque no lo destina a algún plan para asegurar su jubilación.Eso sí, esos 2 de cada 10 valientes apuestan casi en su mayoría por los planes de pensiones que ofrecen algunas entidades bancarias. Cuidar el futuro es algo muy serio, así que aquellos escépticos que no tengan claro sus pensiones tendrán que ponerse manos a la obra.



