Por supuesto que los hábitos y costumbres de la sociedad evolucionan, algunas a peor, no puede sorprender por lo tanto una evidente relajación de los rígidos modos decimonónicos, no me gustan los genuflexos, modelo que tan brillantemente interpretó el gran José Luis López Vázquez en la película Atraco a las tres : «un admirador, un amigo, un esclavo, un siervo».
Evidentemente no es esto, pero de las modas implantadas como algo habitual y extendidas entre amplias capas de la sociedad hay tres me me resultan especialmente irritantes : el tuteo, los besitos en las presentaciones y los aplausos en actos solemnes.
Llevo años trabajando con la misma entidad bancaria, el paso del tiempo y la tecnología han modificado las formas de relacionarnos, la utilización de la banca electrónica hace innecesario visitar las oficinas. No obstante hace unos días, por primera vez en bastante tiempo fui a mi oficina bancaria que ya no conozco a nadie y en dónde me llamó la atención la poca gente que allí había. Después de una brevísima espera se me acercó una jovenzuela de la forma siguiente : Hola ! qué quieres …? expongo el objeto de mi presencia «usteándola» por supuesto y me responde : Vale ! ahora te lo hago, comportamiento que no es únicamente en este caso, recibo los e-mail de la compañía que me suministra la electricidad tuteándome, la compañía de seguros me informa de la renovación de la póliza con idéntico tratamiento y hasta el administrador de mi comunidad ha sustituido el «le convoco a la próxima reunión de junta» por un dicharachero «querido amigo, te convoco …»
Me doy perfecta cuenta que desgraciadamente la batalla del usted está completamente perdida. Y menos mal que en el banco no me saludaron con un par de besitos, hábito instalado parece que también inevitablemente se ha impuesto no entre amigos y / o conocidos, cuestión sobre la que no tengo nada que decir, me refiero a lo que se produce ante cualquier presentación entre desconocidos, que te dan ganas de espetarle : Oiga ! usted a mi no me bese, que no me gusta , si quiere saludarme, salúdeme con un cortés apretón de manos y a ser posible no la entienda dejándola flácida y amorcillada. Que esa es otra.
Los aplausos es una costumbre que me molesta, los indiscriminados, los que veo y escucho en reconocimientos sociales, deportivos o económicos los considero muy adecuados, pero contraproducentes en otras ocasiones. Desgraciadamente durante años he asistido, lo mismo que otros miles de españoles a demasiados entierros y concentraciones cada vez que los terroristas etarras asesinaban inocentes, que finalizaban con los aplausos de los asistentes. Nunca me gustaron. Me parecía, me sigue pareciendo que el silencio es mucho más respetuoso y acompañamiento más cualificado en el apoyo a las víctimas y de rechazo a los criminales. Pero bueno siempre obré así en cada funeral, en cada entierro, incomodo entre los aplaudidores que sin duda tenían el mismo dolor e indignación que yo, situación que continúa repitiéndose actualmente en las concentraciones ante circunstancias desgraciadas.
En fin, ya se sabe que este STV es un tipo distinto, poco dado a transitar mansamente con el rebaño y adoptar comportamientos con los que no está de acuerdo, ya sea en los aplausos, los besuqueos o el tuteo.







