El entonces presidente anunció ante el Congreso un severo programa de ajuste (reducción del salario de los funcionarios, congelación de las pensiones, supresión del cheque-bebé, recorte de 6.000 millones en las inversiones…
Hoy hace cinco años que José Luis RodríguezZapaterofirmó el acta derendición. Después de una tormentosa reunión del Ecofin en Bruselas, en la que la vicepresidenta Elena Salgado derramó lágrimas ante la fortísima presión de Wolfgang Schäuble, ministro alemán de Finanzas, y los latigazos verbales de Christine Lagarde, ministra francesa de Economía –en estos momentos al frente del Fondo Monetario Internacional–, el Gobierno socialista español aceptaba poner fin a lapolíticade «keynesianismo en un solo país».
Estamos, por tanto, en el día D de los cinco años de la llegada de las recetas de austeridad a España. El 7 de mayo de 2010 comenzaba la que se anunciaba como una cumbre europea destinada a tratar la crisis griega y la creación de un mecanismo financiero que sirviera de cortafuegos ante un hipotético contagio en países del euro. Sin embargo, se dio comienzo a una política de ajuste del gasto y subidas de impuestos que ha sido mantenida por los dos últimos ejecutivos y que ha tenido uno de sus más claros exponentes en la reforma constitucional aprobada de forma urgente para consagrar el ajuste de cuentas.
Analistas como Guntram B. Wolf apostaban entonces por relajar el objetivo de déficit y emprender un plan Marshall europeo El Gobierno de José Luis Rodríguez Zapatero, caracterizado hasta entonces por la expansión del gasto público y la defensa del déficit público como un arma política, se vio obligado (por la realidad y las presiones de países como Alemania y Francia) a comenzar el 9 de mayo de 2010 una estrategia -la de la consolidación fiscal- que, a la vista de los datos, ha provocado un empeoramiento de los principales indicadores económicos. A pesar de que el propio presidente Mariano Rajoy ha ratificado su convicción respecto a los ajustes («Sin consolidación fiscal es imposible volver al crecimiento y el empleo», declaró tres años despúés), cada vez son más los economistas y países contrarios a las políticas de ajuste que no apoyan el crecimiento con medidas de estímulo, ya que los posibles ahorros logrados no compensan las pérdidas de recaudación y aumentos de gastos ocasionados por los tijeretazos. Economistas del FMI como Reda Cherif y Fuad Hasanov sostienen en este artículo que la consolidación fiscal que conlleva reducciones bruscas del déficit son «arriesgadas, y que se debe emprender una senda de corrección más lenta». Más allá se atreve a llegar el profesor de la London School of Economics Paul De Grauwe, para quien «los tiempos y la intesidad de los programas de austeridad han sido dictados por sentimientos de pánico y miedo, en vez de ser el resultado de procesos de decisión racionales». En opinión de este analista belga, el escenario «deseable» conlleva un inevitable ajuste del déficit extendido en el tiempo para los países del sur, mezclado con estímulos fiscales de países del norte.
Otros estudiosos como Guntram B. Wolf, del think tank europeo Bruegel, reclaman una especie de plan Marshall (grandes inversiones públicas) en los países del sur para revigorizar el crecimiento de sus economías. Precisamente un plan así, en favor del crecimiento y el empleo, se anunció ya en junio de 2012. Entonces se anunciaron 120.000 millones de euros, el equivalente al 1% del PIB europeo, para impulsar medidas de crecimiento rápido. La medida no parece haber tenido un desarrollo continuado desde entonces.
CON UN DÉFICIT GALOPANTE.
Con un déficit público galopante,Zapateroarchivaba el propósito de combatir la crisis con sucesivas inyecciones de gasto. Una llamada telefónica del presidente norteamericano Barack Obama advirtiendo de los riesgos de una crisis descontrolada del euro fue definitiva.El primer ministro chino de la época, Wen Jiabao, también llamó a la Moncloa. El día 12 de mayo del 2010, Zapatero, cariacontecido, comparecía ante el Congreso de los Diputados para anunciar un severo programa de ajuste (reducción del salario de los funcionarios, congelación de las pensiones, supresión del cheque-bebé, recorte de 6.000 millones en las inversiones públicas… entre otras medidas). España entraba en una nueva fase. Comenzaba un tiempo doloroso e incierto. Parece que haya transcurrido una eternidad.


