Espinosa de los Monteros vuelve a los discursos desde Comillas mientras Vox sigue liderando la oposición al Gobierno
El ex portavoz de Vox Iván Espinosa de los Monteros inaugurará esta semana en Comillas la Escuela de Verano Atenea, un encuentro centrado en debates académicos e intelectuales sobre democracia, Constitución y política internacional. Una iniciativa que vuelve a evidenciar el rumbo que ha tomado el político madrileño desde su salida de la formación de Santiago Abascal: el de conferenciante y analista, alejado de la política real y de la batalla diaria que libra Vox en las instituciones.
Durante años, algunos sectores intentaron presentar a Espinosa de los Monteros como una posible alternativa dentro del espacio político de la derecha. Sin embargo, casi tres años después de abandonar la primera línea, no existe ningún partido, ninguna candidatura ni ninguna estructura política impulsada por él. Lo único que se acumula son conferencias, entrevistas y foros de debate como el que ahora protagoniza en Comillas, coincidiendo además con su estancia vacacional en la localidad cántabra.
La paradoja es evidente. Mientras Vox continúa creciendo en las encuestas, marcando la agenda política nacional y enfrentándose al Gobierno de forma constante en el Congreso, los parlamentos autonómicos y los ayuntamientos, Espinosa de los Monteros permanece instalado en el terreno de la teoría política. Habla de regeneración democrática, de reformas institucionales y de los problemas de España, pero evita asumir la responsabilidad de defender esas ideas ante las urnas o en las instituciones.
La Escuela Atenea es un ejemplo de ello. Durante tres días se sucederán ponencias y mesas redondas entre intelectuales y académicos afines, en un formato que recuerda más a un seminario universitario que a una iniciativa con vocación de transformar la realidad política española. Mucho diagnóstico y poca acción.
Para muchos votantes de la derecha, el contraste con Vox resulta inevitable. Mientras dirigentes como Santiago Abascal, Jorge Buxadé o Ignacio Garriga mantienen una actividad política permanente y se enfrentan diariamente al desgaste público, Espinosa de los Monteros parece haber optado por una posición mucho más cómoda: comentar la actualidad desde auditorios y tribunas de opinión.
Con el paso del tiempo, la imagen del supuesto proyecto alternativo asociado a su figura se ha ido diluyendo. Lo que algunos vendieron como el embrión de una nueva referencia política parece haberse reducido a un circuito de conferencias y encuentros intelectuales. Y mientras tanto, Vox sigue ocupando el espacio político que algunos pronosticaban que acabaría disputándole.
La conclusión cada vez es más difícil de evitar: mientras Vox hace política, Espinosa de los Monteros habla de política. Y la distancia entre ambas cosas es precisamente la que explica por qué uno sigue creciendo electoralmente y el otro continúa acumulando expectativas que nunca terminan de convertirse en realidad.





