La horquilla de las encuestas es muy amplia para el PP, pero hasta el momento la tendencia no dibuja una línea ascendente en las expectativas del partido en el Gobierno.
El Partido Popular ganaría las próximas elecciones generales del 20-D con el 28,3% de los votos, si se hubiesen celebrado hoy domingo 13 de diciembre, y el PSOE sería el segundo partido en intención de voto con un 21,2%.
Según un sondeo de GAD3 para el diario ABC incluida en su edición de hoy domingo, el Partido Popular sería el partido más votado lo que le daría entre 117-124 escaños en el Congreso, con 7,1 puntos más que el PSOE, que con el 21,2% obtendría entre 83-85 actas, Ciudadanos se quedaría con un 18,1% de los votos y con 59-63 diputados.
La encuesta del diario ABC destaca que Podemos gana un punto en tan solo una semana, de 16,6% del sondea anterior, al 17,7% lo que le otorga 50-53 escaños en el Congreso de lo Diputados y se acerca a Ciudadanos por el tercer puesto.
Por contra el Partido Popular, según GAD3, sufre una caída «rotunda» en relación a las elecciones de 2011, en las que obtuvo un 44,6% de los votos y 186 actas de diputado, pero señala, que aunque el desgaste es evidente, el partido de Rajoy se ha mantenido primero, con una diferencia de 7,1 puntos respecto al PSOE.
Izquierda Unida, que en la anterior encuesta de este medio tenía 3,7% de votos y 1-3 escaños, aumenta 4 décimas, obteniendo entre 3-5 diputados, mientras CDC se mantiene con 9 actas, ERC sigue estable con 2,3% y sus 8 escaños.
La encuesta del diario ABC entra a valorar que los partidos emergentes, Ciudadano y Podemos, que es la primera vez que se presenta a unas elecciones generales, obtendrían representación parlamentaria en 39 provincias el primero y en 29 el segundo, y además esta última formación ganaría en Barcelona.
La encuesta de GAD3 se efectuó mediante entrevistas telefónicas a 7.300 personas residentes entre el 16 de noviembre al 11 de diciembre de 2015
LA HORQUILLA DE LOS SONDEOS
La última semana siempre es decisiva, o bien deja las cosas como ya estaban en las semanas previas a la campaña o el sprint final decide escenarios no previsibles inicialmente, más cuando como en esta ocasión siguen existiendo muchos indecisos que podrían desbaratar los pronósticos más sólidos.
Según el análisis de La Vanguardia publicado hoy, el techo de los populares se encuentra por debajo del 30% del sufragio y la barrera en escaños se sitúa en torno a los 130 diputados. Demasiado lejos de la mayoría absoluta (176), e incluso de la mayoría suficiente (por encima de los 155 diputados) que permitió gobernar a González en 1993 y a Aznar en 1996. Ciertamente, la horquilla de las encuestas es muy amplia para el PP, pero hasta el momento la tendencia no dibuja una línea ascendente en las expectativas del partido en el Gobierno. Y esa evolución es clave. El Partido Popular comenzó con una estimación del 29,1% en el barómetro del CIS de octubre y descendió al 28,6% en el macrosondeo de noviembre. Y las otras encuestas –alguna más reciente que la ya envejecida del CIS– brindan incluso peores expectativas a los populares, con un suelo del 23% y poco más 100 diputados.
Por su parte -según este mismo medio- el PSOE se enfrenta a una incertidumbre aún mayor, con una horquilla que bordea el desastre ante al avance de Ciudadanos y con un suelo muy por debajo de los cien escaños que el propio partido se había fijado como su línea roja. Por un lado, alguna encuesta sitúa al PSOE en tercera posición, por detrás de C’s. Por otro lado, la tendencia en la estimación de voto al socialismo refleja un estancamiento a la baja (o una sensible caída, según el sondeo del CIS de noviembre) que no augura grandes posibilidades de remontada y deja en el terreno de lo improbable la eventualidad de una victoria, por pequeña que fuese, del PSOE. Los socialistas sufren las consecuencias de enfrentarse por primera vez con opciones competitivas a su izquierda y a su derecha.
Esa eficaz competencia se llama, por un lado, Ciudadanos y, por otro, Podemos. El partido naranja ha registrado en pocos meses una progresión espectacular, en una singladura que tiene concomitancias con la de Podemos, que llegó a rozar, a poco de nacer, una estimación de voto del 24% hace menos de un año, según el CIS (aunque en los últimos sondeos la formación morada ha descendido al 15%).
Obviamente, C’s no se enfrenta a la misma carrera de fondo que el partido de Pablo Iglesias, ya que las elecciones son inminentes. Sin embargo, su horquilla de resultados es amplia (hasta tres puntos por encima y por debajo del 20%) y todavía lo es más el abanico de escaños: entre 52 y 84. Ciudadanos brega, además, con un sistema electoral muy poco generoso con el tercer partido en liza en las pequeñas circunscripciones (casi la mitad de las 52 provincias) y de ahí que sus opciones de representación sean tan desiguales.
A su vez, Podemos ha sufrido un visible desfondamiento hasta estabilizarse en una cuota de voto muy similar a la que le brindaron las urnas en las autonómicas de mayo pasado. Su horquilla media de escaños se situaría en la franja de los 40 diputados, lo que supondría duplicar los mejores registros de sus antecesores en el espacio de la izquierda radical o alternativa (los 23 diputados del PCE en 1978 o los 21 de IU en 1996). Finalmente, un caso aparte sería el enclave catalán, donde los sondeos han abierto la puerta a la victoria de hasta cinco partidos, con niveles de apoyo muy similares y levísima ventaja de uno u otro.
A partir de aquí, la última semana antes del 20-D puede precipitar en distintas direcciones el voto de los millones de indecisos. Las proyecciones que se han realizado hasta el momento sobre su decisión final son meras conjeturas y podrían conducir a un escenario de ceguera demoscópica como el que afectó a los pronósticos sobre las elecciones británicas de mayo pasado. En aquellos comicios, el supuesto empate acabó con una ventaja de seis puntos de los conservadores sobre los laboristas (que en realidad se limitaron a reeditar sus respectivos resultados del 2010).
¿Qué puede ocurrir en el caso español? Básicamente tres cosas. El desenlace en apariencia más probable, a la luz de las encuestas publicadas hasta el momento, dejaría al Partido Popular con 125 diputados y menos del 29% de los sufragios (que es lo que sugiere el sondeo del CIS a través de las distintas cocinas posibles) y al PSOE con un máximo de 85 diputados y el 21% de los votos. Por su parte, Ciudadanos rozaría el 20% y cosecharía entre 65 y 70 escaños. Y, finalmente, Podemos se quedaría por debajo del 16% y en torno a 46 diputados.
Otro desenlace, aunque este mucho más improbable, nacería de los datos brutos del último sondeo del CIS (intención de voto declarada más simpatía) y coincidiría con los escasos sondeos que sitúan a PP y PSOE en una correlación de empate técnico. Ambos partidos obtendrían alrededor del 24% de los sufragios y un cómputo de 100 diputados respectivamente. Por su parte, Ciudadanos y Podemos se moverían en una cuota de voto de entre el 17% y el 18% y algo más de 60 escaños en el caso del partido de Rivera, y algo menos de esa cifra en el de Iglesias.
Finalmente, las experiencias precedentes abren la puerta a un tercer desenlace perfectamente viable, de aceleración final del voto al partido del Gobierno. Ese decantamiento súbito de última hora en favor de un partido en el poder, pese al enorme desgaste acumulado, ya se produjo en 1996. Entonces, el PSOE protagonizó una espectacular remontada final que lo dejó al borde del empate con el PP. ¿Podría ocurrir eso ahora? El número de indecisos mantiene abierta esta posibilidad que podría suponer para los populares entre cuatro y cinco puntos más de los estimados hasta el momento por las encuestas (sin descartar, en paralelo, una cierta mejoría de las expectativas electorales del PSOE a caballo de una movilización tardía del voto útil de centroizquierda).
En ese supuesto, el Partido Popular superaría el 33% de los votos y su cómputo de escaños se acercaría al umbral que le garantizaría automáticamente el gobierno ante las dificultades casi insalvables de que se forjase una mayoría alternativa. De hecho, frente a los 150 diputados populares, los socialistas necesitarían el apoyo simultáneo de Ciudadanos y Podemos para sumar más escaños, y en la mayor parte de los casos sólo podrían alcanzar la mayoría absoluta con el apoyo de los soberanistas vascos o catalanes. Una mezcla difícilmente imaginable.
Por último, el efecto Navidad envolviendo en papel de fantasía las cifras macroeconómicas, cierta precipitación final del voto en favor del Gobierno de turno no es descartable.



