Nuestros constructores y promotores están dispuestos a reinventarse y pelear por nuevos retos. Ahora bien, tras las próximas elecciones a la vista hay que resituar a Cantabria en el mapa y demandar esta necesaria obra pública.
La buena salud económica de las ciudades se suele medir por el número de grúas plantadas para levantar nuevas construcciones, y también por las obras a pie de calle que buscan la mejora de aceras, viales y accesos más cómodos a los ciudadanos. Poco o nada de esto se ve ahora y es un grave problema para las empresas de construcción. Han de poner sus miras en nuevas oportunidades de negocio como es el caso de la rehabilitación de viviendas.
La Asociación de Constructores y Promotores de Cantabria que preside Justo Cobo acaba de cerrar balance de 2015 y no es malo, es peor. El optimismo se hace difícil cuando no hay visos de tener AVE, o trenes y vías mejores a los actuales (que fallan cada dos por tres), ni sumas a corto plazo obra pública regional o las llamadas inversiones de carácter nacional que vienen de la mano de nuevos tramos de autovías.
Nuestros constructores y promotores están dispuestos a reinventarse y pelear por nuevos retos. Ahora bien, tras las próximas elecciones a la vista hay que resituar a Cantabria en el mapa y demandar esta necesaria obra pública. Ya ha ocurrido años atrás: resulta que la crisis ha sido menos en aquellas comunidades autónomas que han contado con inversión en infraestructura como ha sido por ejemplo el AVE para Asturias o Castilla y León, con Palencia incluida en el nuevo tramo ferroviario. Es momento de mirar hacia Cantabria porque el horizonte se ve un tanto oscuro si hacemos depender a nuestras empresas constructoras de la nueva vivienda que se pueda construir o la rehabilitación de las ya existentes, que es en lo que más andan ahora, además de licitar en proyectos que se acometen en otras regiones e incluso en otros países.
La construcción ha creado mucha riqueza y debe seguir por ese camino. Hay que defender y apoyar aquello en lo que mejor funcionamos, y este es uno de esos casos en los que hay que hacer país y hay que hacer región. Creer en nuestras posibilidades es buscarlas al tiempo que apoyamos todo lo local con nuestras empresas al frente. Puede que haya sido siempre nuestro déficit, pero en adelante no tiene porque seguir siendo así. Aunque el balance actual de nuestros constructores no es bueno, aspirar a un cambio de chip en adelante es como un gran salvavidas que saca a flote todo lo bueno que está por construir.



