En la Misa, celebrada en la Basílica de la Catedral, el deán, Francisco Sánchez, ha destacado el legado que deja el que fuera fundador y exdirector del Museo Marítimo del Cantábrico gracias a su trabajo «constante y tenaz»
Centenares de personas han asistido esta tarde al funeral del historiador José Luis Casado, fallecido el pasado viernes en un accidente de tráfico, para despedirse de él y, también, de su «dimensión intelectual, humana y social».
En la Misa, celebrada en la Basílica de la Catedral de Santander, el deán, Francisco Sánchez, ha destacado el legado que deja el que fuera fundador y exdirector del Museo Marítimo del Cantábrico gracias a su trabajo «constante y tenaz».
A la ceremonia religiosa han acudido representantes de las instituciones santanderinas y cántabras, del ámbito político, social y cultural, con el presidente de Cantabria, Ignacio Diego, a la cabeza.
También han asistido consejeros, como el de Educación, Cultura y Deporte, Miguel Ángel Serna; el director de Cultura, Joaquín Solanas; el director de la Sociedad Regional de Educación, Cultura y Deporte, Víctor González Huergo; el alcalde de Santander, Iñigo de la Serna; el concejal de Cultura, César Torrellas; el presidente de la Autoridad Portuaria, José Joaquín Martínez Sieso; o el actual director del Museo Marítimo, Gerardo García-Castrillo.
Igualmente, han acudido el diputado y portavoz parlamentario, Rafael de la Sierra; y, por el PSOE, su secretaria general, Rosa Eva Díaz Tezanos; la portavoz en el Ayuntamiento de Santander, Judith Pérez Ezquerra, o el concejal en la capital Pedro Casares, entre otros.
El nuevo coronel jefe de la 13ª zona de la Guardia Civil en Cantabria, Juan Airas, y el presidente del Ateneo, Manuel Ángel Casteñada, figuraban también entre los asistentes, que han llenado la basílica de la Catedral.
En su homilía, el padre Francisco ha lamentado la «trágica e inesperada» muerte de Casado Soto, y ha agradecido y resaltado su «entrega» en favor de su tierra natal.
Como ejemplo, se ha referido a las «muchas horas» de esfuerzo e investigación en los trabajos que realizó, «con ilusión y entusiasmo», en la Catedral, -la «iglesia alta, como él la llamaba»-, y junto a su amigo, el historiador Joaquín González Echegaray, también fallecido.





