La pugna por la representación parlamentaria en Cantabria ha dejado una de las lecturas analíticas más ajustadas del panorama electoral. Con un promedio de sondeos que otorga un triunfo holgado al bloque de centro-derecha y derecha con un 64,2% de los apoyos frente al 34,4% de la izquierda, el reparto de los cinco escaños en juego en la comunidad autónoma parece, a simple vista, bastante asentado. La proyección asigna dos parlamentarios al Partido Popular gracias a su 40,1% de los sufragios, dos al PSOE con un 26,9% y un acta para Vox con el 24,2% de la estimación de voto.
Sin embargo, el examen detallado sobre la aplicación del algoritmo D’Hondt demuestra que Vox se encuentra sumamente cerca de quitarle el segundo escaño a los socialistas y lograr de este modo un histórico segundo diputado en la circunscripción cántabra.
La vulnerabilidad del segundo acta socialista radica en el modo en que se calculan los cocientes de reparto proporcional. En el recuento proyectado, los primeros cuatro escaños quedan adjudicados holgadamente a las listas del Partido Popular, del PSOE y de Vox. De esta forma, la disputa real se concentra en el quinto y último diputado de la provincia, que por el momento retiene el PSOE con un cociente resultante del 13,45% tras dividir su estimación de voto entre dos.
Para que la formación liderada por Santiago Abascal consiga invertir esta tendencia y arrebatarle el representante a la candidatura socialista, necesitaría que su respaldo total superase el doble del cociente del PSOE. Con un 24,2% de intención de voto en las encuestas actuales, a Vox le separan tan solo 2,7 puntos porcentuales de alcanzar la barrera del 26,9% necesaria para dar el salto.
En una circunscripción del tamaño de Cantabria, este estrecho margen de 2,7 puntos se traduce en un volumen de entre 9.000 y 10.000 votos, una distancia pequeña que deja el último diputado cántabro en una situación de máximo equilibrio de cara al escrutinio final.







