Un grupo de amigos encargó boletos a la novia de uno de ellos, que trabaja en Madrid. «Todos somos gente sencilla; yo con el premio pagaré los estudios de mis hijos»
©EL MUNDO CANTABRIA/ROSA M. ECHEVARRÍACorvera de Toranzo tiene desde hace apenas 36 horas seis vecinos millonarios, dueños cada uno de un décimo del 13.437, el número agraciado con el Gordo de la Lotería de Navidad. Un pedazo de papel cuyo valor pasó a las 13.00 horas del pasado martes, de golpe, de 20 a 400.000 euros por una carambola del destino.
La suerte les llegó a estos seis amigos –dos albañiles, un panadero, un basurero, un carpintero y un parado– de la mano de la novia de uno de ellos, que desde hace años trabaja en Madrid y a la que cada Navidad le encargan unos décimos.
«Algún año los ha traído de la administración de Doña Manolita, pero éste nos dijo que no había tenido tiempo de ir, y que los había comprado al lado de su trabajo», explica Manuel Vallejo, uno de los agraciados. Y dio la casualidad que esa novia –que jugó el décimo a medias con su pareja– trabaja en un bufete de abogados cerca de la administración número 79 de Madrid, en la calle Zurbano, que el martes repartió nada más, y nada menos, que 472 millones de euros; de ellos, 2,4 millones viajaron hasta Cantabria.
Manuel Vallejo (conocido en Villegar de Toranzo donde vive como Kake), albañil autónomo de profesión, no se enteró de su suerte hasta que terminó de trabajar a las 14.00 horas y fue a casa a comer. «Viendo en la tele las noticias del sorteo, entré en internet para comprobar el décimo y ahí estaba el nuestro», explica mientras posa con una foto del décimo premiado en la pantalla del móvil (el original está a buen recaudo) junto a otro de los agraciados: Alberto Pardo.
Ambos, junto a sus otros cuatro amigos, se conocen desde hace años «de parar en el pueblo». Con dos hijos estudiando, Kake tiene claro que el destino de esos 320.000 euros (Hacienda se queda con el 20% del premio, es decir con 80.000 euros) va a ser pagar los estudios de sus retoños. «La mayor acaba de terminar Empresariales y quiere hacer un máster; ahora va a poder ser», afirma orgulloso.
¿Algún capricho? «Ninguno. Somos gente sencilla que no nos gustan las cosas raras», dice. «Yo afortunadamente no tengo que pagar hipoteca, pero me podré dedicar a trabajar un poco menos, que he pasado unos años muy duros, algunos en paro», concluye.





