Las encuestas suscitan cábalas sobre la ‘nueva política’ a emprender. Los sacrosantos sondeos dicen que hay cuatro partidos en liza por. Nadie medianamente informado podría pensar que se repetirán mayorías absolutas
Lo escuchaba esta semana de labios de alguien muy bien situado en uno de los dos grandes partidos nacionales, alguien que, sospecho, influye mucho en la deriva política de su jefe y que me pide la confidencialidad de no citarle: ¿y por qué no un ‘pacto a cuatro’, que incluya a PP, PSOE, Ciudadanos y Podemos, para regenerar, en una Legislatura abreviada, lo que necesite ser regenerado? SiAdolfo Suárez, de cuya muerte se cumple ahora un año, fue capaz de dar la vuelta al Estado en apenas once meses, contando con la enemiga de las fuerzas armadas, de los ‘poderes fácticos’, de la banca, de una parte significativa de la población y de la ‘clase política’ de la época, ¿por qué no se va a poder hacer lo mismo en dos años de Legislatura dedicada a reformar la Constitución en lo que se necesite, a arreglar las cañerías territoriales -ahí está lo peor–, a mejorar la normativa electoral, a poner a punto algunas instituciones, y todo ello con alguien en la Jefatura del Estado que ya está -vuelco a las encuestas-tan ‘consensuado’ comoFelipe VI? Dos años de período ‘reconstituyente’, más que constituyente. Al fin, una idea sugestiva, aunque muchos vayan, qué país este, a desdeñarla sin siquiera sopesarla.Pero la idea no me pareció utópica, seguro como estoy de que, de aquí a finales de año, las distintas modalidades de pacto que surjan de las cifras de las elecciones generales (¿el 20 de diciembre, dicen?) serán el gran tema de conversación y de hipótesis política: ¿PP-PSOE? ¿Bastaría PP-Ciudadanos? ¿PSOE con Podemos? Me parece que la formación dePablo Iglesias, que comete errores como no condenar en el Parlamento Europeo la seudodemocracia en Venezuela, va perdiendo las garras iniciales, aunque aún sigue intranquilizando a buena parte de la población; en unos meses, será una formación estabilizada en sus previsiones de crecimiento, o algo a la baja, con la que pactar sobre unas líneas previamente tasadas -ojo a este detalle– no será una quimera.’Tú, en San Telmo; yo, en Cibeles’Lo peor de la marcha democrática española es que, como ocurre por lo demás en otras naciones europeas, se desgarra en querellas intestinas. Lo que está ocurriendo en estas jornadas es muy significativo:Pedro Sánchez, disminuido en los carteles electorales andaluces, advierte aSusana Díaz’tú en San Telmo, yo en La Moncloa’, y se dan en Almería el abrazo de la ‘photo opportunity’. Lo mismo queCristina Cifuentes y Esperanza Aguirreen Madrid. Claro, primero tienen que pactar consigo mismos, y luego podrán pensar en llegar a acuerdos con los de fuera. Primero tienen que cambiar sus propios lenguajes ‘de campaña’, de ‘y tú más’, antes de emprender acciones de transformación ‘suarista’, pero con consenso: Suárez apenas contó con algunas complicidades, como la deSantiago Carrilloy, de tapadillo, con la del propioFelipe González, para hacer aquella primera transición a la democracia.Pero, por mucho que ahora todos renieguen –a ver quién hace otra cosa en plena campaña electoral– de la inevitabilidad de los pactos ‘a futuris’, todos saben que algo habrá de hacerse para poder gobernar, una vez que ya no tenemos aPujolpara, tapando sus vergüenzas, llegar a acuerdos de gobernabilidad bajo el mantel: aquello era la vieja política. Ahora, con esas vergüenzas de Pujol expuestas en público, con la ambición recientemente ‘independentista’ deArtur Masobviada en su nadería, con los dos grandes partidos nacionales en la curva del descenso, con Ciudadanos coyunturalmente a por todas sin querer admitir la palabra ‘bisagra’ ni en el diccionario, con el inaudito fenómeno Podemos comenzando a redimensionarse, ha llegado el momento de la Nueva Política.Ya se sabe, como dijoEinstein, que las crisis abren oportunidades. Esta de 2015 puede ser la gran oportunidad de España. Si tenemos todos el valor y la generosidad suficientes como para afrontarla. Porque, como se preguntaba este sábado una muy querida y admirada colega,Lucía Méndez, en su columna, ¿y si acabara siendo verdad en las urnas lo que ahora parece?




