«Esta ciudad, en lo físico y espiritual, dejó en mi infancia y adolescencia una impronta muy profunda que marcó mi vida», ha asegurado el galardonado, pese a que desarrolló su carrera artística fuera de Santander.
El arquitecto, pintor y escultor santanderino Juan Navarro Baldeweg ha dedicado la Medalla de Plata de Santander a una ciudad que «marco» su vida y ha mostrado su deseo de que esta distinción, que le ha entregado el alcalde, Íñigo de la Serna, «se difunda por todo el medio humano, social y cultural santanderino» en el que se formó «y del que emanaron valores duraderos».
Así, ha afirmado que con esta medalla, la vigésima que se entrega, «quiero devolver el mérito a la ciudad y a algunas personas» que le influyeron durante su infancia y adolescencia en la ciudad. «Esta ciudad, en lo físico y espiritual, dejó en mi infancia y adolescencia una impronta muy profunda que marcó mi vida», ha asegurado, pese a que desarrolló su carrera artística fuera de Santander.
Navarro Baldeweg, que ha reconocido sentirse «profundamente honrado» por recibir este reconocimiento, ha recordado durante su discurso tras recibir la medalla a personas a las que admira, como el poeta José Hierro y el escritor y galerista Manuel Arce. Con respecto a Arce, ha incidido en que asistía «con devoción casi religiosa» a sus exposiciones.
En la ceremonia, que ha tenido lugar en el Paraninfo de La Magdalena, también ha mencionado a los que fueron sus maestros, en referencia a José Cataluña, Miguel Vázquez y José Villalobos, en una época en la que «la vida cultural en Santander era rica» y «superior» a la media del país. En esta etapa temprana de su vida, ha añadido, se produjo «la génesis de su mundo imaginario» y el «amor por las actividades expresivas, sin distinción entre las diversas artes».
«Santander también fue fundamental para fomentar un amor a la naturaleza en todos los niveles y escalas. Me inculcó una noción que se transformó en un mandato de respeto, devoción y cuidado porque nada es tan frágil como la naturaleza al entrar en contacto con la arquitectura», ha afirmado el artista santanderino, a quien el ayuntamiento santanderino reconoce su «intensa y extensa trayectoria» como «artista humanista que se ha convertido en un referente de la arquitectura española contemporánea».
DISCURSO DEL ALCALDE EN LA ENTREGA DE LA MEDALLA DE PLATA DE SANTANDER A JUAN NAVARRO BALDEWEGJuan Navarro Baldeweg entró a los 9 años en una academia de dibujo, lo que le situaría como artista moderadamente precoz. Realizó su primera exposición a los 19, lo que le catalogaría como pintor relativamente joven. Y diseñó su primera casa a los 39, lo que le describiría como arquitecto ciertamente tardío.Sin embargo, esos tres hitos cronológicos (tan emparentados cabalísticamente con el 9: el número del genio artístico) siendo ciertos, resultan equívocos. Porque Navarro Baldeweg (Santander, 1939) ha marcado siempre sus propios tiempos con suma pericia y sin atender a conceptos mundanos sobre el despertar o el sestear de las vocaciones.Navarro Baldeweg recibe hoy la vigésima Medalla de Plata de la Historia de Santander. Y enriquece, pasajeramente sin duda, una voluminosa caja de preseas en la que sobresalen la Medalla de Oro al Mérito en las Bellas Artes de 2007 y la Medalla de Oro de la Arquitectura Española de 2008. A un hombre no le describe su colección de medallas, pero en este caso ayuda mucho a evaluarle.Él nunca ha dejado de apostar por la discreción frente a la pompa. Incluso hoy, el solemne día en que renueva sus credenciales como embajador de Santander en cuatro continentes: la arquitectura, la pintura, la escultura y la escritura.El quinto pertenece exclusivamente a su personalísima geografía de la creatividad. Es el continente de más hondo contenido y no entiende de fronteras a pesar de ser territorio fronterizo con la exquisitez.Sabiendo que el hombre resulta esclavo de sus palabras y dueño de sus silencios, Navarro Baldeweg se reconoce en frases como puñales que nunca le han esclavizado: “LA PINTURA SIEMPRE DEBE SER UN PROBLEMA”. A nadie le cabe duda de que este santanderino excepcional ha resuelto ingeniosamente cada uno los cuadros que ha pintado. Sin que aquellas soluciones hayan generado nunca otro problema adicional.También ha dejado dicho: “ME CONSIDERO ARTISTA POR ENCIMA DE TODO”. Fin de la cita. Principio de un genio multidisciplinar que expuso su pintura por primera vez en 1960 en la Galería madrileña de Fernando Fé, el primero que tuvo una fe rayana en la clarividencia en él.Cultiva con método y constancia de hortelano cuatro de las siete parcelas de las Bellas Artes. Adquirió el Don Juan no literario oficiando las cuatro con singular oficio. Poniéndolas firma a pie de edificio, lienzo, peana o libro.Navarro Baldeweg, Juan (hijo del vallisoletano Octavio y de la alemana Gertrudis) es una de las rotundas figuras emblemáticas del cambio de siglo. Su éxito ha consistido en cambiar incansablemente formas y formatos para que todo siga igual. Igual de admirable.El primer cliente del arquitecto Navarro Baldeweg fue su hermano mayor Octavio. El encargo era tan peliagudo como sugería aquella única consigna: “MI MUJER NO QUIERE ESCALERAS”. Una cuñada directora de obra hubiera sido reto insalvable para cualquier arquitecto que no fuese el que nos acompaña.Resolvió el problema con “La Casa de la lluvia”: Liérganes, 1981. Google arroja en 0,18 segundos un total de 9.640.000 resultados de la búsqueda. Quiso la caprichosa toponimia que se alzase en el Alto de la Hermosa. Una casa para hermosear los alrededores.Pónganse en lo mejor… porque “La Casa de la lluvia” es el fruto más impactante del diálogo a calzón quitado entre arquitectura y paisaje.Esa conversación bilateral viene a finalizar, cuando la modera Navarro Baldeweg, en un pacto de caballeros entre la luz y el hogar, entre la belleza y la funcionalidad. En resumen, el acuerdo definitivo entre cuñadas y arquitectos.Consumada esa primera seducción, el artista recorrió como un solitario/solidario todos los caminos explorados e inexplorados del arte. Anduvo por senderos estrechos y por grandes avenidas, nunca a paso de carga. A su vuelta empezó a poner primeras piedras de grandes obras, sin tropezar nunca en ellas. Le sirvió mucho su destreza adquirida de buen caminante.En 2001 nos asombró con la Neocueva y el Museo de Altamira. Las miras altas, la sensibilidad a pie de obra, la inteligencia en permanente negociación con un paisaje innegociable. Navarro Baldeweg se ha llegado a preguntar “¿POR QUÉ LA REPRODUCCIÓN TIENE QUE ESTAR TAN CERCA DEL ORIGINAL ?Una réplica tan certera que no admitió discusión. Nadie que se recuerde hizo uso, ni ante la opinión pública ni ante la opinión publicada, del derecho de réplica.Nuestro admirado artista ha sentado cátedra en lugares como el Centro Woolworth de la Música de Princeton, el Museo y Centro Cultural Salvador Allende de Santiago de Chile, la Biblioteca Hertziana de Roma o el Centro de Congresos de Salzburgo. Ha firmado decenas de edificios grandiosos que el tiempo ha rubricado después.En España sus obras mutan en palacios de congresos, exposiciones, artes escénicas y música. Las “criaturas” de este arquitecto santanderino deslumbran en Salamanca, Cádiz, Burgos o Vitoria. Estamos ante uno de los más solventes gurús de la trashumancia en las Bellas Artes… quizás también ante un nómada maduro sabedor de que todos los espacios del planeta son patria reivindicable (que no edificable) para su diosa Arquitectura.Está contrastado científicamente que los días de Navarro Baldeweg sobrepasan de largo las 24 horas. Nunca ha perdido ni el tiempo ni la perspectiva. Y ha ganado un puñado de concursos con un puñado de ideas sublimes.En el Madrid de Chamberí le brotaron en 2009 (regresa la cábala del número 9 del genio artístico) 35.000 metros cuadrados de arte impecablemente trajeado: los Teatros del Canal.Abrir en canal los planos de su Sala Roja, su Sala Verde y su Sala Negra ha constituido por sí mismo un trabajo de doctorado publicado con el aval del Consejo Superior de Investigaciones Científicas.Sus fachadas suspendidas aprueban con nota. Sus encofrados trepadores son la prueba del nueve del acierto de la máxima de don Eugenio D´Ors: “EN ARTE LO QUE NO ES UN DIOS ES UN CACHIVACHE”. Los Teatros del Canal son un templo divino de la escena en tres dimensiones por el que transitan solo los cachivaches imprescindibles para cada representación. 3D para tres salas únicas.El profesor Navarro Baldeweg es objeto y sujeto pasivo de estudio, analizado para entenderle también como activo Catedrático de Proyectos de la Escuela de Madrid. Y valorarle como Doctor en Arquitectura desde 1969… (Ese 9 cabalístico siempre volando en corto sobre su vida).Hoy mismo se ha iniciado en la Universidad Internacional Menéndez Pelayo un Encuentro que ha de hallar en apenas tres días la esencia y las presencias de nuestro artista, aquí presente. Una búsqueda de las claves de bóveda de su genio incontestable, concebida bajo el sugerente título de “METÁFORA Y VISIÓN”.Si se me permite, les recomiendo leer su discurso de ingreso en la Real Academia de San Fernando titulado “EL HORIZONTE EN LA MANO”. Y después, que lo contemplen como gran metáfora de metáforas: el horizonte nunca se toca alargando la mano, sino dejándose caer parsimoniosamente en el abismo de la mirada.Diríase que Navarro Baldeweg tiene el don de trasgredir la física. Esa es su verdadera química, la que le posibilita tender su mano firme de artista y saludar con cercanía cualquier horizonte lejano. Toda realidad inventada puede reinventarse a gusto de los grandes patrones del Arte. Él es uno de sus más grandes patrones actuales.El muy merecido dueño de la Medalla de Plata de Santander clausurará el Encuentro pasado mañana a las 12 con una charla titulada “UNA CASA DENTRO DE OTRA”. Pero nunca una cosa dentro de otra…Cosificar no es verbo conjugable por quien presume de rendir pleitesía a la luz y a la gravedad. Quedan ustedes invitados a esa conferencia porque el miércoles se producirá el gran encuentro del autor con su obra, ya sea para tenderle esa mano imposible al horizonte, ya para abrazarla, ya para confesar los inevitables desencuentros íntimos del genio pertinaz que llamamos Navarro Baldeweg.Nuestro artista es deudor de una niñez tranquila en la casa familiar de Burgos, 5, después renumerada como Jesús de Monasterio, 21. Lector empecinado más que empedernido, eligió academia de dibujo frente a clases de piano como sus hermanos Octavio y Margarita. Cartabón antes que teclado. Escuadra antes que corcheas.Aquel niño tranquilo, modoso y ensimismado se evadía de la estricta disciplina del Colegio Alemán de Santander criando periquitos: llegó a tener casi una veintena.Y también conduciendo el tranvía por la calle San Fernando camino de sus clases. El ferroviario, paciente de su padre en Valdecilla, le apreciaba y le dejaba cuidadosamente al mando de la manivela.Juan se convertía así en el maquinista más joven de Santander, asistido por la mano férrea del titular del tranvía. Todo lo cual ocurría a la tierna edad de…9 años. Gran anécdota para contar a su único nieto, nacido de su hijo mayor Adrián, también arquitecto. La saga continúa.Su primera compañía teatral la fundó en la buhardilla de casa con otros niños que quizás les suenen: Álvaro Pombo era el chico que escribía las obritas, Ramón Muriedas el chaval que esculpía los decorados, su hermana Margarita la niña que tejía el vestuario y Juan quien lo pintaba todo. Los cuatro se lo contaban luego a sus padres diciendo: “HOY HEMOS ESTADO JUGANDO A LOS BOHEMIOS”.Controlador adolescente de sus sueños mientras miraba el Panteón del Inglés y admiraba el Faro de Mataleñas, aquel niño imaginó siempre su vida idílica de adulto como la de un pescador con un perro al lado…Pero serían los ladridos del arte los que le despertasen del sueño mozo. Demasiado circunspecto para la bohemia. Demasiado creativo para limitarse a observar. Demasiado talentoso para ser acotado. Su tesis doctoral se tituló “SISTEMAS URBANOS”, y el Tribunal premió unánimemente la visión inteligentísima de sus sistemas humanos.Tanto que su prestigioso colega Rafael Moneo ha dejado dicho: “LA OBRA DE JUAN NAVARRO ES FIEL TESTIMONIO DEL HUMANISMO EN ARQUITECTURA”. Nuestro santanderino internacional comparte con Moneo una ausencia aún reparable: ninguno ha firmado un edificio en Santander. Cada uno por distintas y distantes razones.Pero su Santander natal nunca ha dejado solo al genio ni está celosa porque solo pinte en su refugio alicantino de Xaló. Entre agosto y octubre de 2001 nuestro Museo de Arte se entregó con armas y bagajes a la primera gran retrospectiva de Navarro Baldeweg. Dos plantas del MAS, quizá menos de lo que se merecía, pero suficiente para concienciarse de que toda retrospectiva es una introspectiva.Y dos meses para valorar el gran tesoro que supone para la ciudad tener tres cuadros suyos como tres soles: RETRATO, VENCEJOS y LA MANO.RETRATO es municipal, llegó como regalo de Navidad en el año 2000 y no es ningún autorretrato. Sencillamente es el óleo que cancela la deuda de admiración de Santander con uno de sus más grandes artistas contemporáneos.VENCEJOS está en el Parlamento de Cantabria desde ese mismo año 2000, casi como brindis afectuoso del pintor por el nuevo siglo. Diríase que estas aves habitan el metro sesenta por metro treinta del lienzo por voluntad propia, libres como vencejos libres.LA MANO es un políptico de más de 12 metros cuadrados que pertenece al Gobierno de Cantabria. Son realmente seis manos que prestan ingenuas sus líneas a la buenaventura de crítica y público. Gigantesca tarea propia de un artista gigante que saluda y se despide al mismo tiempo en cada una de las seis, según se las mire.Tres obras en las tres principales instituciones públicas cántabras de Santander. Una firma por triplicado del contrato indefinido que une a la ciudad con Navarro Baldeweg. Metáfora del compromiso. Metáfora y visión, como el título del Encuentro de la UIMP. Y esa visión resulta inmejorable.Santander va a entregar su Medalla de Plata a un artista entregado a sus muchas artes: El de la obra poliédrica; El de los deslumbrantes significantes y significados; El de los grandes proyectos en tarrito pequeño; El que se alejó con buen criterio del piano para acercarse al dibujo; El que nos asombra y nos seduce…El mismo. El nuestro: Juan Navarro Baldeweg.





