Valenciano reprochÓ al PP los viajes de algunos de sus dirigentes a Suiza, ante lo que el número uno de la lista popular ha citado la presencia de Magdalena Álvarez como vicepresidenta del Banco Europeo de Inversiones (BEi).
Desde las primeras palabras del únicodebateque protagonizarán en lacampaña electorala las europeas,Miguel Arias Cañete(PP) yElena Valenciano(PSOE) han dejado claras sus estrategias: él se ha dirigido a ella como «Elena», evitando las fórmulas de respeto, y ha dejado el «ustedes» para los telespectadores, a los que ha pedido apoyo no por interés de partido, ha dicho, sino para garantizar queEspañatiene peso enEuropapara salir definitivamente de lacrisis.
Ladirigente socialistaha saludado a su adversario político con un «buenas noches, señor Cañete», dejando los guiños de cercanía para el público al que, mirando a cámara, ha reclamado el voto el próximo25 de mayopara dar ungiro a la izquierdaque permita»reconquistar» derechosy aparcar en Europa la política del «recorte a toda costa» que ha afectado, ha insistido, a muchos españoles abocados a la pobreza.
A partir de ahí, ambos, aún con nervios y cierta rigidez (Arias Cañete lo leía todo y mostraba gráficos; Valenciano interrumpía mientras repasaba apuntes), se han enfrascado en una lluvia interminable decifras económicas. Por parte del PP, el objetivo era tratar de demostrar que la España que dejó el partido de Valenciano, de la mano delexpresidente José Luis Rodríguez Zapatero, era un desastre que en dos años, a su juicio, ha devuelto a la vida el Gobierno al que él mismo ha pertenido, el deMariano Rajoy. «Hemos estabilizado al enfermo y ahora volvemos a crecer», ha apuntado al principio. En cambio, ahora, ha concluido, el país «está volviendo a crecer».
La intención de la candidata socialista era convencer de que larecuperación no ha llegadoa un país con ingentescifras de paroy escandalosastasas de pobreza. Ante la impresión, muy extendida en los últimos años, de que poca diferencia hay entre conservadores y socialistas, Valenciano se ha esforzado en subrayar que no tienen nada que ver. Ese ha sido su mensaje principal, llevado incluso a sus palabras finales. «El señor Cañete y yo tenemos ideas muy distintas y defendemos intereses muy diferentes», ha concluido.
Más tranquilos, especialmente Valenciano, se han mostrado en el segundo bloque temático, referido a laspolíticas sociales, en el que les ha costado algo entrar: aún han dedicado unos minutos de este espacio a discutir si España ha sido o no rescatada. Cañete lo ha negado y Valenciano le ha afeado que tratase de ocultar que se había inyectado dinero a los bancos en elrescate financiero. Cerrado ese capítulo, ha retomado el turno Cañete para recalcar que no hay mejor política social que la quegarantiza empleo, y que si alguien impulsó un verdadero «atentado» contra elEstado del bienestarfue Zapatero, en mayo de 2010, conrecortes en pensionesyprestaciones sociales.
Valenciano ha cargado contra los recientesrecortes educativos y sanitarios. También contra la actitud que ministros comoCristóbal Montoro, titular de Hacienda, han mostrado ante cifras de pobreza facilitadas por onegés. Ha llegado de nuevo la guerra de números: que si el PSOE destruyó más de 3,5 millones de puestos de trabajo, que si el PP prometió crear empleos que no existen… ¿Y las propuestas? En un debate que se ha movido en términos poco europeos, y muy nacionales, la candidata socialista, a diferencia de Cañete, ha expuesto algunas. Entre otras, apartar la investigación y la educación del cómputo del déficit, crear unsalario mínimo en toda la UEy aumentar losfondos contra el paro juvenil.
Ante un formato de programa tan estricto, con los tiempos tan medidos, apenas ha habido debate. A Cañete se le ha visto cómodo en las materias de su antiguo ministerio: aquí se ha presentado como el salvador de lapesca,agriculturayganaderíaespañola. Valenciano, como era previsible, ha hecho mucho énfasis en la restrictivareforma del abortodel Gobierno. Primero se ha presentado como madre. Después ha concluido: «Siempre han tenido una relación muy difícil con la libertad. Sobre todo, la de las mujeres».





