Finalmente, han sido las nubes las que han desinflado las esperanzas que tenía la gente de ver el eclipse.
Las nubes han estropeado finalmente la posibilidad de ver el eclipse desde Cantabria. Aunque eran muchos los que tenían la esperanza ayer de que no lloviese para que no se dañasen los equipos, pero finalmente, han sido las nubes las que han desinflado las esperanzas que tenía la gente de ver el eclipse.
El firmamento multiplicó hoy el espectáculo del florecer de la primavera con un eclipse de sol, una superluna que propiciará una gran marea y el equinoccio. Todo hoy. El disco solar oculto tras la luna -parcialmente para el que miraba desde Cantabria- ha oscurecido el día en torno a las diez de la mañana de esta jornada en la que la primavera se hará presente unas catorce horas más tarde, a las doce menos cuarto de la noche. Para que no falte de nada, el fenómeno se completa con la ubicación de la luna en el punto de su órbita más próximo a la tierra y con la subsiguiente elevación del nivel de las mareas, que a orillas del Cantábrico se prevén intensas para hoy y sobre todo mañana.
Ayer, mientras tanto, la demanda de gafas especiales para la contemplación del fenómeno subió tanto como las dudas sobre la observación en las ópticas cántabras. En su tienda regalaban a los clientes gafas de montura de cartón y lentes homologadas, con filtros solares de tereftalato de polietileno. Eso e instrucciones como las que el propio producto lleva impresas en varios idiomas en el reverso de las patillas. Dice que «la observación directa del sol es peligrosa» y advierte de que no se contemple el eclipse sin esta protección. También se aconseja que el usuario «no se mueva» mientras las utilice y «limite el uso continuo a intervalos máximos de tres minutos, haciendo descansar los ojos durante treinta segundos». No será la primera vez que en la óptica se aprecian manchas en la retina de algún cliente posiblemente atribuibles a la observación prolongada de un eclipse.




