El presunto regionalista Felipe Piña intenta proyectar la imagen de un político nuevo, cercano y diferente. Sin embargo, basta con repasar su trayectoria para comprobar que representa precisamente aquello que dice combatir: la vieja política.
Antes de llegar al Ayuntamiento de Santander, Piña ocupó responsabilidades en el Gobierno de Cantabria como director general de Transportes. Fue una etapa que coincidió con algunos de los episodios más controvertidos relacionados con la gestión ferroviaria en la región, una circunstancia que forma parte de su trayectoria política aunque hoy apenas se recuerde. ¿Recuerdan aquellos trenes que no entraban por los túneles?
Pese a ello, Piña actúa como si acabara de aterrizar en la política. Cualquiera que siga sus redes sociales podría pensar que lidera la oposición o incluso que está a las puertas de la Alcaldía. La realidad, sin embargo, es muy distinta. En las elecciones municipales de 2023, el PRC pasó de cinco a tres concejales y cayó hasta convertirse en la cuarta fuerza política de Santander, superado por VOX. Un retroceso que difícilmente puede interpretarse como un respaldo a su estrategia.
También conviene poner en perspectiva su repercusión en redes sociales. Tener miles de visualizaciones o seguidores no significa contar con un apoyo equivalente entre los santanderinos. Al igual que ocurre con Miguel Ángel Revilla, cuya popularidad trasciende desde hace años las fronteras de Cantabria, buena parte de la repercusión digital de Felipe Piña responde a un público mucho más amplio que el estrictamente local. Pero las elecciones municipales no las deciden los usuarios de internet, sino los vecinos de Santander. Y esos vecinos dejaron al PRC con tres concejales y relegado a la cuarta posición del Ayuntamiento.
Mientras el regionalismo retrocedía, VOX lograba crecer y consolidarse como una alternativa para miles de santanderinos que buscaban una oposición distinta al bipartidismo y al regionalismo tradicional. Ese cambio no fue casualidad, sino el reflejo de una transformación política que empieza a consolidarse en la ciudad.
De cara a las próximas elecciones municipales, no parece descabellado pensar que el Partido Popular pueda perder la mayoría absoluta. Si ese escenario se confirma, llegará el momento de las decisiones. El PP tendrá que elegir si busca un entendimiento con el PRC, un partido que representa décadas de la vieja política en Cantabria, o si opta por un acuerdo con VOX, cuyo crecimiento electoral ha cambiado el equilibrio político del Ayuntamiento.
Felipe Piña puede seguir creyéndose el protagonista de la política santanderina, pero los datos son tozudos. El político se ha convertido en carne de meme. La política no se mide por el número de vídeos publicados ni por el ruido generado en las redes sociales. Se mide por la confianza que depositan los ciudadanos en las urnas. Y, por el momento, esa confianza redujo al PRC de cinco a tres concejales y lo convirtió en la cuarta fuerza política de Santander.
Eso sí, si hablamos de la oposición del PSOE y de Izquierda Unida en el Ayuntamiento de Santander, quizá la crítica tendría que ser todavía más severa. Pero eso, si les parece, lo dejaremos para otro día.







