Invitada por la Escuela de Ballet dirigida por Peter Smink y Eduardo Akime, entregando los premios a los más destacados del ballet torrelaveguense. En aquellas fechas,
La dama del ballet ruso, Maya Plisetskaya, premio Príncipe de Asturias de las Artes en 2005, falleció hoy, a los 89 años, en Munich (Alemania). Considerada una de las más grandes bailarinas del siglo XX y referente indiscutible de la danza clásica, ostentó el título más prestigioso de la profesión, el de primera bailarina absoluta. Su viudo, el reputado compositor ruso Rodión Shchedrín, fue el encargado de comunicar la noticia.
Maya Plisetskaya visitó en los años ochenta en dos ocasiones Torrelavega, invitada por la Escuela de Ballet dirigida por Peter Smink y Eduardo Akamine, entregando los premios a los más destacados del ballet torrelaveguense. En aquellas fechas, Torrelavega contaba con una de las Escuelas de Ballet más importantes de España.
Maya Plisetskaya nació en Moscú, en 1925. Se inició en el mundo de la danza con tan solo tres años e ingresó en la Escuela de danza de su ciudad natal en 1934. A los 18 años se graduó en la Escuela Coreográfica del Gran teatro Bolshoi, en donde dio sus primeros pasos como profesional y llegó a ser primera bailarina. De entre las muchas obras que interpretó a lo largo de su carrera destaca «El lago de los cisnes», que representó por primera vez en 1947 y que repitió en más de 500 ocasiones. Dirigió el Ballet de la Ópera de Roma y, de 1987 a 1990, el Ballet lírico nacional de España. En 1993, recibió la nacionalidad española, y un año después, en 1994, fundó el Ballet imperial ruso.
En 2005, recibió el Premio Príncipe de Asturias de las Artes junto a Tamara Rojo, por su excepcional trayectoria en el mundo de la danza, en el que ambas eran reconocidas como la más alta expresión de sus respectivas generaciones.
ESCUELA DE GRAN PRESTIGIOHay que recordar que Peter Smink -holandés de nacimiento- llegó a Torrelavega en 1978 junto a su compañero de fatigas, el argentino Eduardo Akamine. Ambos pusieron en marcha una escuela de ballet y una compañía, ya mítica, que desapareció en los inicios de los noventa por falta de apoyos. Siguieron con la escuela hasta 2000. Akamine regresó a su país, donde sigue desarrollando su faceta artística, y Smink continuó dando clases dentro y fuera de Torrelavega. Su historia es la de un perseverante maestro, obsesionado con difundir la danza clásica y decidido a ‘dar la lata’ hasta que no pueda con las zapatillas. Un gran personaje al que Torrelavega debe mucho, aunque pase inadvertido y los regidores locales poco o nada saben de él.Hay que recordar que cuando Peter y Eduardo llegaron a Torrelavega, ésto era un desierto, en cuanto a la danza, y pusieron en marcha un gran proyecto que interesó a los jóvenes. Hasta entonces, solo ROSARIO PETRI, había destacado en estas enseñanzas, mujer a la que debe honrarse como introductora del ballet en la ciudad.Con la compañía que entonces llevaba el nombre de la ciudad, realizaron importantes actuaciones y salieron unos magníficos profesionales: Javier Castillo, ‘Poty’, Marcos Marcó, que ha estado en el ballet de la ópera de Marsella; de Orlando y de Lydia Sanz, además de otros nombres de relieve.





