Toda Europa está pendiente de las muchas elecciones que vienen en España, como lo estuvo en el caso de Grecia. Lo saben bien en el Gobierno y también lo constatan las diferentes fuerzas de oposición.
Todos, empezando por el PP, dan por descontado que, pese a todo -especialmente, pese a la buena campaña que hace el candidato ‘popular’Moreno Bonilla–, en Andalucía ganará el 22 de marzo el PSOE deSusana Díaz, y que logrará formar gobierno de una u otra forma, pero probablemente nunca con Podemos. Algunas fuentes creen que no puede cerrarse la puerta a un gran pacto por la regeneración y la recuperación económica con el PP, que ya lo ha venido ofreciendo tímidamente. Sería un nuevo varapalo a esa tajante negativa dePedro Sáncheza pactar ‘con la derecha’; pero ya se sabe que hay un PSOE por encima de Despeñaperros y otro por debajo. Y que, en todo caso, es bastante posible que la gran coalición acabe, allá por enero de 2016, siendo una salida a tanto equilibrio precario. Al tiempo.Luego está el listón, tremendo tanto para Sánchez como paraRajoy, del 24 de mayo. Las elecciones autonómicas y municipales van a dar resultados variopintos, inesperados en puntos cruciales -la Comunidad valenciana, Madrid, algunas capitales andaluzas, donde el PP podría perder su hegemonía–: como siempre ocurre en este tipo de elecciones, todos reclamarán haber ganado, ya sea en alcaldías, en concejalías, en votos o en las ciudades más importantes. Por eso mismo, lo que ocurra en Madrid será la clave, y lo va a ser tanto que el secretario general del PSOE se arriesgó a dar el golpe de timón que propició la violenta salida deTomás Gómezde la candidatura a la presidencia de la Comunidad de Madrid para ser sustituido por una figura seria, quizá con poco carisma pero con fama de honradez y de rigor intelectual, comoÁngel Gabilondo.Un buen ‘ticket’ el de Gabilondo con el aspirante a la alcaldía, el mediáticoAntonio Miguel Carmona, y eso lo saben bien en el PP, donde las encuestas rugen como leones hambrientos de votos: a Rajoy le quedan apenas horas para desvelar quién diablos será el candidato madrileño a la presidencia de la Comunidad -lo será casi con seguridad el actual inquilino de la Puerta del Sol,Ignacio González, que no acaba de convencer en la sede de Génova, pero no hay más, al parecer–. Y, sobre todo, quién encabezará el cartel para ganar el ayuntamiento más emblemático de España, del que se dice, con razón, que tiene más poder y presupuesto que tres o cuatro ministerios juntos. Dicen sus cercanos queEsperanza Aguirreacaricia ya la nominación.A juicio de muchos en el PP, sería un error: no da imagen de renovación y no ha explicado aún por qué abandonó, en su día, la presidencia de la Comunidad. No se lleva, ni se llevará, bien con Rajoy, ni conSoraya Sáenz de Santamaría, a la que algunos aún tratan de convencer para que acepte esta nominación. En todo caso, la designación digital de Mariano –el presidente todavía anima la ficción de que hay un comité electoral que decide de manera independiente– , supone que habrá notición seguro. Porque no hablamos de Madrid, sino de la imagen ganadora o perdedora en la principal batalla municipal y autonómica: Rajoy o Sánchez. Ganar dará alas a cualquiera de los dos de cara a las generales de noviembre o diciembre. Perder…para Sánchez sería un duro golpe. Para Rajoy, quizá menos, pero también, aunque nadie se plantea su relevo a corto plazo, por más que su popularidad personal en las encuestas siga siendo desesperantemente baja.Está, por tanto, todo abierto -y ni siquiera hemos citado esas hipotéticas elecciones catalanas convocadas porMascon ocho meses de antelación-y así lo constatan los analistas más agudos en toda Europa. Rajoy representa una concepción de la UE, siempre fiel a los dictados alemanes. Sánchez aún debe definir, más allá de sus patadas en las espinillas deJuncker, con quién se quiere alinear. Lo de Podemos, más que saberlo, lo adivinamos: ese, y el catalán, es precisamente el factor que más inquietudes provoca, al parecer, por encima de los Pirineos, donde, por cierto, no faltan motivos de aprensión con las tendencias electorales en otros países. Y ese es precisamente el discurso que, en opinión de no pocos, viene faltando en los más bien romos debates preelectorales de fin de semana por toda España: la vista puesta en Europa, que puede ser la salvación o la perdición. Algo de esto oiremos, en todo caso, el próximo sábado, cuando los líderes socialistas europeos se congreguen en Madrid para dar a Pedro Sánchez un apoyo que necesita casi desesperadamente.




