Jornada: “MAHLER CHAMBER ORCHESTRA”
Género: Música sinfónica
Director: DANIEL HARDING
Solista: DANIIL TRIFONOV (PIANO)
Programa: CONCIERTO PARA PIANO Y ORQUESTA Nº1 DE JOHANNES BRAHMS Y SINFONÍA Nº 8 DE ANTONIN DVORÁK
Sala: Argenta
Crítica: Tras unas jornadas exitosas de ópera, con la puesta en escena de una extraordinaria versión, con Mozart dentro, que ha dado de sí además, un debate en la UIMP y un taller para niños con “Te Cuento una Ópera” a cargo de Gustavo Moral, llega el Ciclo Sinfónico con agrupaciones orquestales, de mayor presencia o menor de componentes, pero todas ellas de primerísima fama mundial. Entre e ellas, la que hoy nos ocupa; que anoche dejó impronta en la sala Argenta. Abriendo ciclo, la MAHLER CHAMBER ORCHESTRA, bajo la dirección del británico, DANIEL HARDING, con la participación del pianista de fama internacional, DANIIL TRIFONOV.
Ductilidad y profunda calidad técnica, a la vez que artística, adornan el trabajo musical de esta orquesta de cámara, una chamber, como suele denominarse a niveles internacionales, pero de un potente sonido que hace olvidar a un conjunto sinfónico. Su unidad de criterios musicales la confieren un conjunto idóneo de sonido propio, tan potente que cualquiera de las dos partituras, la de Brhms o la Dvorák se expresan en el tono más alto. Usando igualmente de forma pareja, de los matices de cada autor.
Los protagonistas principales junto a la orquesta en este concierto son el director, el británico, Daniel Harding y el pianista ruso, Daniil Trifonov. Dos prestigiosos del panorama internacional de la música. El director se le atribuye una técnica envidiable y el pianista, todo un asombro de ingenio técnica sensibilidad, sacando al piano un sonido armonioso que acentúa cada pasaje de la obra o de las obra pues nos obsequio con dos preciosas propinas, además del programado el concierto uno de Brahms.
Sin embargo ambos son totalmente inespresivos. Harding con una gesticulación hermética con buena técnica, pero poca pasión. Resuelto por una orquesta que suena muy bien y Trifonov que es un pianista excepcional parece que lo que está tocando no le importa nada. Incluso su vestimenta de andar por casa le hacía parecer que estaba en un ensayo.
Si la verdad es que ha sido una sensación, tanto en el concierto de Brahms, tan bonito o en la brillante sinfonía 8 de Dvorák, rara. Por un lado una orquesta de altura sonando y un uno de los grades pianista, interpretando con autentico virtuosismo y no nos hemos emocionado, quizás por esa falta de trasmisión apuntada.
