La depreciación del euro también registró su peor cotización frente al dólar en los últimos nueve años. Desde el pasado 16 de diciembre, el euro ha perdido un 4,8% de su valor frente al billete verde, cambiándose ayer por
Los mercados se vieron igualmente sacudidos por la depreciación de lamoneda única, que registró su peor cotización frente al dólar en los últimos nueve años. Desde el pasado 16 de diciembre, el euro ha perdido un 4,8% de su valor frente al billete verde, cambiándose ayer por 1,20 dólares.
Al hablar de una posible salida de Grecia de la moneda única en caso de una victoria deSyriza, la formación izquierdista deAlexis Tsipras, en las legislativas del 25 de enero, Berlín no solo ha colocado a los electores griegos frente a un escenario amenazador, sino que ha obligado a otras capitales europeas a tomar partido en la espinosa cuestión de la permanencia griega en el euro.
La información publicada por el semanario alemánDer Spiegel, según la cual el Gobierno deAngela Merkelve ya «inevitable» la salida de Atenas de la moneda única si el nuevo Ejecutivo griego cuestiona el pago de la abultada deuda pública, obligó ayer aBruselasa echar mano del Tratado de la Unión Europea.
La portavoz comunitaria de Empleo y Unión Económica y Monetaria, Annika Breidthardt, mencionó el párrafo 3 del artículo 140 del Tratado, en el que se indica que «la pertenencia al euro es irrevocable». Sin embargo, no entró a valorar el fondo de las advertencias que Alemania ha hecho llegar a Grecia.
«Vamos a abordar esto cuando los votantes griegos hayan votado. Por ahora no nos corresponde especular sobre nada», dijo. Fiel a esta línea, Breidthardt se negó a especular sobre la eventual renegociación de las condiciones de los préstamos concedidos a Grecia por la Unión Europea, el Banco Central Europeo y el Fondo Monetario Internacional.
Bruselas se ciñe al mensaje que el pasado 29 de diciembre lanzó el comisario de Asuntos Económicos y Financieros, Pierre Moscovici, quien animó a los griegos a mostrar «un fuerte compromiso con Europa y con el proceso de reformas necesarias» para que Grecia pueda «prosperar en la eurozona».
El argumento de que el nuevo Gobierno heleno deberá cumplir los compromisos adquiridos con sus acreedores es el que defendió ayer desde París el presidenteFrançois Hollande. Para el inquilino del Elíseo, solo a los griegos corresponde decidir sobre el futuro de su país y su pertenencia a la eurozona. «Los griegos son libres para decidir de manera soberana a sus gobernantes», declaró en una emisora de radio.
Hollande amplió su reflexión a España: «España y Grecia han pagado un alto precio para seguir en la eurozona», lo que se ha traducido que se ha traducido en la irrupción de «fuerzas de izquierda, a veces radicales».
Mientras, el vicecanciller alemán y ministro de Economía, Sigmar Gabriel, advirtió de que la eurozona «no se deja chantajear» y confió en que el Gobierno de Grecia «independientemente de quien esté en él, respete los acuerdos alcanzados con la UE». En una entrevista concedida al diarioHannoverschen Allgemeinen Zeitung,el líder del Partido Socialdemócrata alemán (SPD) aseguró que el objetivo del Gobierno federal, de la UE y del propio Ejecutivo de Atenas es «mantener a Grecia en la eurozona», informa Efe.
Cuando en mayo del 2010 la UE decidió acudir con 110.000 millones de euros al rescate de Grecia para evitar que pusiera en peligro la existencia misma del euro, Alemania defendió la medida aludiendo al riesgo «sistémico» que implicaría dejar a Atenas fuera de la eurozona. Sin embargo, cuatro años después, Merkel está convencida de que la moneda única podría aguantar el golpe, segúnDer Spiegel.
Alexis Tsipras, a quien las encuestas dan como favorito en los comicios de finales de enero, no habla de dejar la zona euro, como hacía en el 2010, pero sí de iniciar un proceso de renegociación de la deuda. Este planteamiento incomoda a Alemania y a los países del norte de Europa, que rechazan una reestructuración porque, a su juicio, enviaría una pésima señal a países como Francia o Italia, que podrían ceder a la tentación de relajar las reformas.
Sería también admitir, en cierto modo, el fracaso de la vía alemana para salir de la crisis y que el plan de rescate griego iba más bien destinado a salvar a los bancos con cargo al contribuyente. La situación de Grecia se observa también con cautela desde Londres, porque una UE debilitada podría dar alas a los euroescépticos en un año electoral clave para David Cameron.





