Por PAULINO LAGUILLO. Se presentó el pasado sábado llorando ante sus feligreses en el pórtico de la iglesia de Miera. Ante el asombro de todos y una vez recuperado de la emoción, contó que acababa de recibir una carta del Papa
PAULINO LAGUILLO GARCÍA-BÁRCENA (Escritor)
La singular noticia mundial que hoy, festividad de Santiago Apóstol, patrono de España, inserta un periódico regional acerca de que el Papa Francisco acaba de dirigirse por carta a un humilde sacerdote nonagenario de la localidad cántabra de Miera, que en su dilatada labor pastoral desde hace 62 años atiende varias parroquias más a pesar de su avanzada edad y quebrantada salud, noticia que finaliza con el párrafo relativo a los muy gratos recuerdos de muchos de sus feligreses a quienes a través de los años ha venido administrando varios de los Santos Sacramentos, queda debidamente completada con la aseveración y cita en primicia que recogen los subtitulares añadidos a la misma, asegurando que la historiografía de nuestra tierruca contará a corto plazo con la inestimable aportación de su prodigiosa memoria a la cultura de Cantabria por parte de este cura que se enorgullece no poco cuando enseña al visitante su iglesia a corte de pequeña catedral y que preside en Miera, donde el precioso templo casi alcanza al cielo.
“Ahora, muchos vecinos de las parroquias de la comarca de Miera, se dicen ufanos unos a otros cuando se cruzan, «a mí me bautizó, me dio la Primera Comunión y me casó Don Ricardo». Y la historiografía montañesa destacará a corto plazo su inestimable aportación a la cultura de Cantabria.
“El Papa Francisco ha sorprendido a Ricardo Bárcena, un cura cántabro de 89 años, al enviarle una carta en la que le felicita por continuar al frente de varias parroquias que este sacerdote atiende desde hace 62 años en la región.
Bárcena se presentó el pasado sábado llorando ante sus feligreses en el pórtico de la iglesia de Miera. Ante el asombro de todos y una vez recuperado de la emoción, contó que acababa de recibir una carta del Papa Francisco escrita de su puño y letra, según ha informado el Obispado en una nota de prensa.
En ella, el Santo Padre le felicitaba por continuar, a pesar de sus casi 90 años, al frente de un numeroso grupo de parroquias repartidas en un área abrupta y empinada de la geografía de la Diócesis de Santander donde existen varios pueblecitos diseminados y con pocos vecinos: la Montaña.
En la misiva, escrita en el Vaticano el pasado 14 de julio, el Papa Francisco le comunicaba a Ricardo Bárcena que había sabido que llevaba 62 años al frente de las parroquias de Miera, Mirones, San Roque de Río Miera, Valdició y Calseca. «Un testimonio como el suyo, me fortalece en la fe y en el amor a la Iglesia. Gracias de corazón», le decía el Papa.
«Con sacerdotes como usted, que a los 90 años sigue diciéndole a Jesús que es su niño pequeño y que lleva sobre los hombros varias parroquias, me hace sentir que la iglesia es joven», continuaba la misiva. Finalmente, el sumo pontífice le pedía «que rece y que haga rezar por mí. Y que Jesús le bendiga y la Virgen Santa le cuide».
Más de seis décadas de labor pastoral en varias parroquias de Miera
Ricardo Bárcena nació en Escobedo de Camargo el 9 de marzo de 1925. Tras sus estudios eclesiásticos, fue ordenado el 22 de junio de 1956 por el entonces obispo de la Diócesis de Santander, José Eguino y Trecu (1929-1961), conocido en la Iglesia cántabra y de Mena como ‘El obispo bueno’.
Desde entonces, permanece al frente de estas parroquias por donde discurre el valle del río Miera y donde se asientan varios pueblos diseminados y pequeños de la comarca pasiega.
Esta entrañable historia que ha desembocado en el envío de una misiva personal del Papa Francisco, se originó hace unas semanas cuando un grupo de fieles, junto al diácono permanente que presta apoyo en una parroquia local, Gervasio Portilla, animaron a Ricardo a que escribiera una carta al Papa Francisco y le contara, a modo de testimonio, de que a pesar de sus casi 90 años, sigue manteniendo el entusiasmo pastoral y las ganas de continuar sirviendo a las gentes de estos pueblos con su ministerio.
Tras considerar la propuesta, se decidió a escribir al Francisco mediante una sencilla carta en la que cuenta que desde el principio «me enseñaron a ser un cura de pueblo y a querer a su Virgen de Miera, contagiándome así el cariño».
Ricardo también le dijo al Papa que continúa sirviendo a sus parroquias «con mis casi 90 años, con limitaciones de mi carnet de conducir y de mis facultades físicas». También le solicita al Santo Padre «su bendición, y que «le diga a Jesús que fui, soy y seré su niño pequeño, y que necesito de su ayuda».
Por su parte, el obispo de Santander, Vicente Jiménez Zamora, al conocer la noticia de la carta del Papa, «se alegró profundamente» y acto seguido llamó por teléfono a Ricardo «para felicitarle y acompañarle en su gozo». Esta alegría también ha sido compartida por los sacerdotes del arciprestazgo de Nuestra Señora de La Virgen de Miera, que le han dado la enhorabuena.
Ahora, muchos vecinos de las parroquias de la comarca de Miera, se dicen ufanos unos a otros cuando se cruzan, «a mí me bautizó, me dio la Primera Comunión y me casó Don Ricardo».





