El Obispo concelebró con diez sacerdotes una Santa Misa con la iglesia de San Ramón abarrotada de fieles. Un acto litúrgico que fue de lo más emotivo y reluciente como colofón de las fiestas en el Parque Juan XXIII.
PAULINO LAGUILLO
La iglesia de San Ramón vivió hoy, festividad del santo patrono de dicha zona norte de Los Corrales de Buelna, un día muy esplendoroso con la asistencia del Obispo de la Diocésis de Santantader, Manuel Sánchez Monge, que bendijo un nuevo altar del templo y las reliquias enviadas de Roma, tanto del santo Patrono como de San Juan XXIII, cuyo Papa tiene un busto en el barrio del mismo nombre en dicha parroquia.
Al mediodía el Obispo concelebró con diez sacerdotes una Santa Misa con la iglesia de San Ramón abarrotada de fieles. Un acto litúrgico que fue de lo más emotivo y reluciente como colofón de unas largas fiestas patronales muy lucidas sobre todo en el magnífico Parque de Juan XXIII por haber gozado los tres días de su celebración de la mejor climatología que podía darse en esta festividad tan claramente participativa y vivida con intensidad en toda la parroquia.
No faltaron a la Santa Misa los familiares y descientes de Ramón Quijano de la Colina, cuya viuda, Adela Secades Abarca, erigió la iglesia de San Ramón, inaugurada el día 31 de gosto de 1961 en recuerdo de su esposo, hijo del fundador de las forjas de Buelna, José María Quijano Fernández-Hontoria, creándose con ello la parroquia de San Ramón bajo esta advocación por decreto episcopal de 29 de marzo de 1962.
Refiriéndose el nuevo altar de la iglesia monseñor Manuel Sánchez Monge pronunció unas palabras alegóricas a lo que el mismo representaba, precisando en tal sentido que «el Rey de Reyes y Señor de los Señores nos invitaba a su mesa, debiendo de constituir su consagración una renovación de la fe cristiana en nuestra vida”.
Al finalizar tan solemne Santa Misa el Obispo de Santander departió por largo espacio de tiempo con las muchas personas que habían asistido a la misma, degustando en el amplio campo de circunda el templo distintos dulces que le habían sido entregados al cura párroco D. Antonio, por unas monjitas de clausura y los propios vecinos de la parroquia.




