PAULINO LAGUILLO, miembro del Centro de Estudios Montañeses y de la Sociedad Cántabra de Escritores declamó una oda de exaltación a San Juan XXIII en la que tuvo una cita muy emotiva para D. Acilino, sacerdote jubilado que ejerció
El Valle de Buelna vivió ayer, domingo, una maravillosa jornada conmemorando con gran brillantez la festividad de San Juan XXIII en el popular barrio que en la década de los años sesenta el centenar de vecinos que le compone eligió el nombre del Papa Bueno como denominación del mismo cuando era Pontífice, erigiendo un busto del hoy ya Santo como remate de las obras de un precioso parque que construyeron adyacente al grupo de viviendas.
Ayer los jóvenes del mejor barrio urbanizado del municipio a que pertenece, si bien ya adultos e incluso cabezas de familia muchos de ellos, dejaron perfecta constancia de su bien hacer y de cariño al ya barrio de San Juan XXIII, como lo vienen haciendo desde hace dos años con motivo de la celebración de San Ramón, advocación de la parroquia en la que se ubica su barrio natal en unos casos y de residencia en otros.
Desde una climatología muy bien aliada con la fiesta y de lo más agradable, esta tuvo su comienzo en el centro del Parque Juan XXIII, donde el cura párroco, Antonio Arribas Lastra, efectuó la bendición de una imagen de San Juan XXIII que ha sido instalada junto al altar de la iglesia de la parroquia. Reconocida por todos los vecinos como muy lograda, su autor, Salvador García Cevallos, que nació en el mismo barrio, ha llevado a cabo en los últimos años diversas e importantes obras escultóricas en muchos puntos de la región, habiendo sido la último una erigida recientemente en broce al compositor santanderino Juan Carlos Calderón en el Soto-Iruz.
Tras la bendición de San Juan XXIII hubo una procesión por las distintas calles del barrio, teniendo lugar una ofrenda floral junto al busto del santo en la plaza central del barrio a cargo del joven vecino del mismo Benigno Bada. Asimismo, otro vecino del barrio, miembro del Centro de Estudios Montañeses y de la Sociedad Cántabra de Escritores declamó una oda de exaltación a San Juan XXIII en la que tuvo una cita muy emotiva para D. Acilino, sacerdote jubilado que ejerció su labor pastoral en el barrio durante casi seis décadas, con un ejemplo de virtudes sin parangón que le hicieron pero que muy querido por todos los vecinos.
La solemne Santa Misa en la que el cura párroco destacó la humildad por la que se había caracterizado en vida San Juan XXIII; actuaciones musicales; juegos infantiles y una extraordinaria magosta en la que el típico fruto otoñal asado dentro de una costumbre de antigua tradición y los casi doscientos kilos adquiridos de las mismas, llegaron a agotarse por las muchísimas personas que acudieron a saborearlas, completando tal degustación una jornada festiva verdaderamente para recordar por mucho tiempo en el ejemplar barrio de San Juan XXIII.





