Es una alternativa útil y valiosa siempre y cuando el centro de atención se localice en el sustantivo y no en la adjetivación, es decir, en la educación antes que en la distancia.
La creación de proyectos de innovación educativa preocupados por incorporar los medios masivos de comunicación y las nuevas tecnologías a la educación, con la educación a distancia o educación virtual-on line como una de sus principales formulaciones, es nota común en nuestras sociedades. Esto es una alternativa útil y valiosa siempre y cuando el centro de atención se localice en el sustantivo y no en la adjetivación, es decir, en la educación antes que en la distancia.
Ante la expansión tecnológica que caracteriza a nuestra sociedad, los espacios educativos no deben quedar al margen, sino responder a ese desafío juiciosa, activa y propositivamente, dejando atrás la idea de educación como cúmulo de conocimientos y destrezas provistas de una vez por todas por la escuela en las primeras etapas de la vida o a lo sumo en la formación profesional. Se necesita diversificar la oferta educativa con diferentes modelos y/o modalidades en relación al trabajo, a la preparación científica y humanística, y a la vida social en todos los aspectos (salud, arte, educación inicial, geriatría, alimentación, etc.). Esto encaja con la creciente informatización de muchos procesos económicos y sociales que acelera la obsolescencia de productos, conocimientos y estructuras institucionales, entre ellas las de educación.
La virtualización educativa se enmarca en las tendencias globalizadoras del mercado y ante ellas debe tener capacidad de respuesta con fundamento, además de pedagógico, social y cultural. Es indispensable no incurrir en la perspectiva según la cual los sujetos de aprendizaje son simples consumidores de una mercancía necesaria para su inserción en el mercado laboral bajo la lógica mercantil y utilitaria.
Los medios informáticos, al igual que todo tipo de medios, son simplemente eso: medios, herramientas. No aseguran por sí mismos aquello tantas veces proclamado: la emancipación y el bienestar humanos. Esta es una tarea que compromete no solo al conocimiento científico-tecnológico y a las destrezas técnicas, sino también, y por encima de todo, a la racionalidad del ser humano en toda su extensión: su pensamiento crítico, su juicio ético y su motivación existencial.
Las posibilidades de las nuevas tecnologías sólo serán activadas en las propuestas de virtualización a condición de que se enmarquen en proyectos pedagógicos caracterizados por promover la construcción del conocimiento. Esto exige planes didácticos concretos apoyados en los soportes tecnológicos que, más allá del discurso, promuevan el despliegue de la reflexión, el análisis, la proposición y la ejecución como procesos para la significatividad del aprendizaje.
Por último, precisamente porque nos encontramos en procesos de descentramiento y globalización, el curso de las acciones en el terreno educativo no compete, ahora menos que nunca, sólo a instancias gubernamentales y tomadores de decisión investidos desde las altas esferas. En educación participan múltiples actores individuales y colectivos y, al igual que la formulación de políticas culturales, no puede ser atribución exclusiva de los estados ni materia de negociación excluyente entre estado e iniciativa privada.
Lo público no es sinónimo de estatal. Las políticas culturales deben ser producto de una imaginativa concertación social que, además de los estados y la iniciativa privada incluya a educadores, profesionales, trabajadores de la cultura y movimientos sociales. Solo desde esta diversidad y pluralidad arribaremos de políticas democráticas que afiancen y expandan las libertades de creación y expresión.
Carlos Segovia Martínez de Salinas, miembro deSaluspoty psicólogo en la Consulta de Psicología Carlos Segovia




