Ofelia Esperanza Alonso Laguillo, notaria, visitó buque acompañada de su joven hija Mariana (en la imagen) estudiante en la Universidad de Montevideo, sintiendo ambas una emoción inenarrable.
POR PAULINO LAGUILLO GARCÍA-BÁRCENA
Hoy, domingo, se cumple exactamente una semana de que en la cubierta del buque-escuela “Juan Sebastián de Elcano”, atracado en Montevideo, celebraba una misa con asistencia de las primeras autoridades de la ciudad y muchos visitantes el sacerdote cántabro Alberto Gatón Lasheras, enrolado a bordo como capellán en la actual singladura por América de tan famosa nave botada en los Astilleros de Cádiz en 1927 y que tantos Oficiales de la Marina Española ha venido formando desde entonces, entre ellos el propio Rey de España, Felipe VI.
Bastante desconocido en España y en la propia Cantabria, dicho navío incorporaba en 1927 en la jarcia de su velamen cables de acero fabricados en la empresa de Forjas de Buelna, hoy Trefilerías Quijano, S.A., como también los tenía en su fuselaje el avión “Jesús del Gran Poder” que en aquellos años cruzó el Atlántico.
Entre los españoles residentes en Montevideo que visitaron el buque estuvieron descendientes de un cántabro de San Felices de Buelna que emigró a dicha ciudad en la primera mitad del siglo XIX. Y lo hicieron con las mejores referencias para su visita al mismo, remitidas al capitán del navío por personal de la propia Embajada de España en Montevideo.
Ofelia Esperanza Alonso Laguillo, notaria, visitó el “Juan Sebastián deElcano” acompañada de su joven hija Mariana, estudiante en la Universidad de Montevideo, sintiendo ambas una emoción inenarrable y un ansia indescriptible al pensar que se encontraban a bordo de un barco español muy histórico en el que bien podrían navegar hasta la tierra de sus raíces, que tantísimo ansían poder visitar y conocer algún día.
Ellas descienden de Pedro Joaquín Laguillo de Herrera y Ruiz de Quijano, bautizado en la iglesia de San Félix, de Rivero (San Felices de Buelna), el día 9 de julio de 1808, en plena Guerra de la Independencia. Fueron sus padrinos los Marqueses de Montecastro y LLanahermosa, Pedro Joaquín González del Rivero y Juana de Santamaría y Hoyo, padres de Ángel González del Rivero, alcalde que fue de Santander a finales del siglo XIX.
Pedro Joaquín Laguillo de Herrera y Ruiz de Quijano antes que “indiano” fue “jándalo”, puesto que el padrón de habitantes de 1824 recoge que con 16 años estaba ausente en Andalucía, dedicado al comercio, habiendo residido allí unos catorce años. Entonces tenía un hermano de ocho llamado Francisco, con el que años después emigró al “Reino de Indias”, Montevideo, falleciendo éste último al poco tiempo de llegar allí. Por su parte Joaquín contrajo matrimonio en dicha ciudad con Josefa Bravo, siendo Juez de Paz de la ciudad de Salto Oriental..
Un nieto suyo, Guillermo Segundo Laguillo Corgatelli, nacido en Durazno el 27 de agosto de 1914, fue noticia muy curiosa y llamativa en todo Uruguay en 1981. Esto es lo que se decía en la prensa de aquel año: En titulares, “No murió…pero fue guerrero”; y en el desarrollo de la noticia de Gabriel Arméndez: “Lo que no pudieron los disparos enemigos lo intentó la información periodística, que dio por muerto a Guillermo Segundo Laguillo Corgatelli, nacido en Durazno un 27 de agosto de 1914. Pero con 67 años encima, y con suma vitalidad, su voz de reclamo no se demoró: “Soy el muerto”, dijo, cuando atendieron su llamada para protestar por un deceso adelantado e injustificado. Esta es la pequeña historia de un malentendido que “Noticias” quiere rectificar, al tiempo que narra las aventuras de uno de los pocos uruguayos que pelearon en la Segunda Guerra Mundial”.-
Guillermo Laguillo sirvió como voluntario en la Marina Francesa desde el mes de agosto de 1941 al mes de marzo de 1945. “Fue desmovilizado en 1946 con el grado de Cuarto Maestro Fusilero a consecuencia de una herida en acción de guerra, que motivó su reforma a pesar del deseo que había expresado de continuar sirviendo como auxiliar. Es notado por sus jefes militares “como una excelente persona bajo todo punto de vista, persona de gran mérito, habiéndose conducido brillantemente en el primer Batallón de Fusileros Marinos.” Así se hacía constar en Montevideo con fecha 19 de marzo de 1945 y poco tiempo después fue condecorado por el mismo general De Gaulle.
Su bisabuelo Isidoro Vicente y padre del “indiano” cántabro Pedro Joaquín falleció en un molino de la Cuesta Ladreo (San Felices de Buelna), movido por aguas de Río Tejas mediante determinado canal hoy inexistente y que se había realizado unos doscientos metros más hacia arriba de su paso por la recta de “La Agüera”; denominado Molino de Lena, sobre las cinco de la mañana del día 10 de agosto de 1855, a consecuencia del cólera morbo.
Esta enfermedad pandémica que en los años 1854 y 1855 produjo en España 236.000 muertos, llevó a los muchos “Jándalos” del Valle de Buelna que se encontraban ausentes en Andalucía a encomendarse la “Virgen de la Cuesta”, a la que se tenía en toda la comarca un devoción muy especial y se la mencionaba en casi todas las disposiciones testamentarias, abriéndose en Sevilla una muy amplia suscripción popular para enviarle a la santa numerosas joyas y pedirla que les salvara de la terrible epidemia.
Aunque la joya más importante corrió a cargo de una señora de Los Corrales de Buelna, ascendientes de la actual y muy conocida familia Gutiérrez de Mata, que tuvieron a lo largo de todo el siglo anterior tres generaciones de escribanos (Notarios) en el Valle de Buelna (el primero, Francisco Gutiérrez de Mata, desde el comienzo de la Guerra de la Independencia).
Dicha señora regaló a la Virgen de la Cuesta la actual corona de plata que puede verse sobre la cabeza de la imagen.
Se atribuye a un milagro el hecho de que tras estas donaciones fervorosas se produjo la desaparición del cólera morbo en el Valle de Buelna.




