Tendrá lugar mañana viernes, a las 19:00 horas, en la Biblioteca Central, dentro del programa de actividades organizado por la Consejería de Cultura para celebrar el Día de las Bibliotecas.
‘Cuando la Biblioteca Central era el depósito de prisioneros de la Tabacalera’ es el título de la conferencia que pronunciará el escritor y periodista Isidro Cicero mañana viernes, a las siete de la tarde, en la Biblioteca Central y el Archivo Provincial de Cantabria, dentro del programa de actividades organizado por la Consejería de Cultura para celebrar el Día de las Bibliotecas.
Cicero se refiere con este título al periodo histórico que arrancó a finales de agosto de 1937, con la caída de Cantabria en poder de Franco y la consiguiente concentración de prisioneros en la ciudad de Santander. «De los 50.000 hombres y mujeres que fueron confinados en distintos campos de concentración y prisiones de la ciudad, quizá el más siniestro fue éste de los almacenes de la Tabacalera, porque fue el que más muertos registró por enfermedad, insalubridad, hambre y malos tratos. Aquí llegaron a estar amontonados unos 6.000 infelices sometidos a unas vejaciones indescriptibles», afirma el escritor.
En su opinión, la Tabacalera perdura en el imaginario colectivo de las familias cántabras «como un edificio ligado a lo más brutal de nuestra historia». Cicero ya había tratado este tema en su libro‘Los que se echaron al monte’,publicado hace 38 años. De hecho, varios personajes que aparecen en el mismo, entre ellos el protagonista, Juan Fernández Ayala ‘Juanín’, estuvieron presos en la Tabacalera. También compartieron el mismo infortunio el doctor Enrique Diego Madrazo y Jesús Cancio, entre otros nombres conocidos.
Cicero explica que Tabacalera formó parte del complejo sistema de represión franquista en Cantabria. Este sistema consistía, en primer lugar, en una serie de campos de concentración (Plaza de Toros, Campos de Sport del Sardinero, La Magdalena, hipódromo de Bellavista y seminario de Corbán), y otra serie de prisiones provisionales como los Salesianos, las Oblatas, las Salesas y el Grupo Ramón Pelayo.
«En el último peldaño de la represión figuraba la Prisión Provincial de la Calle Alta, a donde llevaban a los presos que habían sido condenados a muerte a la espera de que Franco confirmara la sentencia. Una vez confirmada, los trasladaban en camión al amanecer para ser fusilados en la tapia de Ciriego. Algunos eran ejecutados a garrote vil en el patio de la prisión provincial. El aljibe del Hospital San Rafael, actual Parlamento, también formó parte del mismo sistema represivo», dice el autor.





