Hablar de Cantabria es hablar de mar, montaña y buena mesa. No hay visitante que lo niegue ni vecino que no se sienta orgulloso de la riqueza culinaria que ofrece la región. Desde un cocido montañés en los Valles Pasiegos hasta unas anchoas de Santoña o unas rabas en Santander, aquí la gastronomía forma parte de la identidad. Pero ¿cómo se puede disfrutar de estos placeres sin dejar de cuidar la salud?
Esa es una pregunta que muchos cántabros se hacen, y precisamente una de las que el nutricionista Daniel Caballero, de Nuznut Santander, intenta responder cada día en su consulta. Su enfoque es claro: la nutrición no debe enfrentarse a la tradición, sino aprender de ella y adaptarse a los tiempos.
Una tierra con sabor… y con conciencia
Cantabria cuenta con una de las despensas más completas del norte. Pescados del Cantábrico, verduras de la huerta de Limpias, carnes de pasto pasiego, miel de Liébana y quesos con denominación de origen. La calidad de sus productos es indiscutible; el desafío está en equilibrar las raciones y la frecuencia con la que los disfrutamos.
“El cocido montañés es una maravilla, pero no hace falta renunciar a él. Basta con ajustar las cantidades y acompañarlo de algo más ligero el resto del día”, explica Daniel Caballero. “El problema no está en nuestros platos tradicionales, sino en la falta de planificación y el exceso de procesados en la vida diaria.”
Su consulta combina el rigor científico con la cercanía del trato. Muchos pacientes se sorprenden al descubrir que pueden seguir disfrutando de la cocina cántabra sin culpa. “Pensaba que tendría que dejar las rabas del domingo o la tortilla con bonito, pero Daniel me enseñó a equilibrar mi semana y a escuchar a mi cuerpo”, comenta Ana, una clienta de 42 años de Peñacastillo que cambió su forma de comer sin sentirse a dieta.
Comer bien sin dejar de disfrutar
El objetivo de Nuznut Santander no es imponer dietas estrictas, sino ayudar a recuperar el sentido común a la hora de comer. Y es que en Cantabria no faltan tentaciones: los postres como la quesada pasiega o los sobaos siempre están presentes en reuniones familiares y fiestas locales.
“Un sobao recién hecho no es un problema si el resto del día se mantiene una alimentación equilibrada”, afirma Daniel. En su consulta enseña a sus pacientes a organizar sus comidas semanales teniendo en cuenta sus compromisos sociales, la temporada del año y los productos locales disponibles.
Así, una comida típica de fin de semana podría incluir un aperitivo con rabas, un plato principal de marisco o pescado azul —como bonito a la plancha o sardinas de la costa— acompañado de verduras salteadas y una copa de vino tinto con moderación. Es un menú auténticamente cántabro, disfrutón y compatible con una vida saludable.
Restaurantes cántabros que apuestan por la salud
Cada vez más restaurantes de Santander y del resto de Cantabria se suman a una tendencia que busca combinar tradición y equilibrio. Restaurantes locales clásicos como El Serbal, Deluz o La Radio ofrecen opciones adaptadas a quienes quieren cuidar su alimentación sin sacrificar sabor.
“Nos encontramos con muchos clientes que no quieren ‘dieta’, sino aprender a comer bien incluso fuera de casa”, apunta Daniel Caballero. “Por eso siempre recomiendo apoyar la gastronomía local: hay restaurantes que cocinan con producto de proximidad, con técnicas saludables y respetando la esencia del sabor cántabro.”
Él mismo colabora de forma ocasional con chefs y establecimientos para diseñar menús equilibrados basados en temporada. No se trata de reducir calorías, sino de sacar provecho a los ingredientes que da esta tierra: pescados a la brasa, guisos con legumbres locales, ensaladas con queso fresco o postres moderadamente dulces con frutas de la región.
Testimonios que inspiran cambios reales
Entre los pacientes de Nuznut Santander hay historias que reflejan cómo un cambio de hábitos puede transformar la vida. Jorge, 51 años, vecino de Torrelavega, llegó con sobrepeso y problemas digestivos. “Me pasaba el día con prisas, comiendo fuera y sin horario fijo. Con las pautas de Daniel aprendí a planificar mis comidas y a no castigarme si un día me salgo del plan. Ahora disfruto comiendo y he bajado diez kilos sin pasarlo mal.”
También están los deportistas —ciclistas, surfistas o corredores— que buscan mejorar su rendimiento sin perder fuerza. Cantabria, con su paisaje activo y su estilo de vida al aire libre, es un territorio que invita al movimiento. “El deporte y la alimentación van de la mano. Lo que comemos influye directamente en cómo nos sentimos y en lo que somos capaces de hacer”, afirma Daniel.
El equipo de Nuznut se adapta a cada perfil: jóvenes que quieren aprender a comer mejor, familias con niños pequeños, personas mayores o quienes buscan prevención de patologías como la diabetes o la hipertensión. En todos los casos, el objetivo es el mismo: aprender a comer con sentido.
La conexión entre nutrición y bienestar local
El bienestar no se mide solo en cifras de peso o calorías, sino en la sensación de energía, descanso y vitalidad diaria. Y eso, en una tierra como Cantabria, está muy conectado al entorno. “Una buena alimentación también significa aprovechar lo que el entorno te ofrece”, explica este nutricionista de Santander.
Así, recomienda consumir productos de temporada —setas en otoño, pescado azul en verano, legumbres en invierno— y comprar en mercados locales, donde la frescura y la trazabilidad están garantizadas. “Nuestro plato puede ser más ecológico, económico y saludable si lo llenamos con productos cántabros”, destaca.
Muchas veces, añade, la clave está en pequeños gestos: desayunar pan integral con aceite de oliva en lugar de bollería industrial, elegir una menestra de verduras local para cenar, o sustituir bebidas azucaradas por un vaso de sidra natural o agua con limón.
Nuznut Santander: alimentación con sentido y cercanía
En el centro de Santander, Nuznut se ha convertido en punto de encuentro para quienes quieren entender su cuerpo, su alimentación y su salud. Daniel Caballero y su equipo no solo elaboran planes nutricionales personalizados, sino que ofrecen un acompañamiento constante basado en la educación nutricional.
El método consiste en enseñar a comer sin miedo y sin prohibiciones extremas. “Es normal disfrutar de un cocido montañés o de una tapa en Potes”, dice Daniel con una sonrisa. “Lo importante es hacerlo de forma consciente, sabiendo qué necesita tu cuerpo y en qué medida.”
Gracias a esta filosofía, muchos cántabros han logrado mantener un peso saludable y una relación más tranquila con la comida. “El secreto está en convertir la nutrición en un estilo de vida, no en un sacrificio”, resume.
El arte de comer bien en Cantabria
Cantabria no solo ofrece paisajes de postal y productos excepcionales, sino también la oportunidad de vivir en equilibrio. Con el acompañamiento del nutricionista Daniel Caballero, cada vez más personas descubren que cuidar la salud y disfrutar de la gastronomía local no son objetivos opuestos.
Desde una tapa de anchoas en un bar de Santoña hasta un guiso de alubias estofadas en los Valles Pasiegos, todo puede tener cabida dentro de una alimentación sana. Se trata de encontrar la armonía entre tradición y bienestar, entre sabor y salud.
Y quizá ahí, entre los sabores de siempre y las buenas decisiones diarias, esté el verdadero secreto del estilo de vida cántabro.




