El futuro inmediato de Venezuela podría estar definiéndose lejos de Caracas y más cerca de los despachos de poder en Washington. Según fuentes conocedoras tanto de la dinámica interna del régimen chavista como de los criterios estratégicos de Estados Unidos, se está desarrollando una negociación directa con Delcy Rodríguez y el núcleo duro del poder en Venezuela.
No se trata de un movimiento improvisado ni de un volantazo de última hora. Es la consecuencia de meses de análisis en la Administración estadounidense, que ha llegado a una conclusión clave: Estados Unidos no cree que la oposición venezolana, encabezada por María Corina Machado, tenga capacidad real para tomar y mantener el poder.
El factor decisivo: el control de las fuerzas armadasDesde Washington se parte de una premisa básica: sin control efectivo sobre las fuerzas armadas y la cadena de mando institucional, cualquier transición es inviable.
Si la oposición hubiera contado con ese respaldo, el cambio político se habría producido inmediatamente después de las elecciones presidenciales de 2024. Eso no ocurrió.Durante meses, altos cargos estadounidenses —entre ellos el senador Marco Rubio— mantuvieron contactos constantes con Machado y su entorno. El mensaje fue reiterado: se necesitaban pruebas de un plan operativo real, no solo para ganar simbólicamente el poder, sino para ejercerlo de forma efectiva desde el primer día.
Se solicitó información concreta sobre alineamientos militares, control institucional, gobernanza inmediata y sostenimiento del orden interno. Las respuestas, según estas fuentes, fueron siempre vagas, amparadas en razones de seguridad, pero sin contenido verificable.
A partir de ahí, la percepción cambió: la oposición dejó de ser vista como un vehículo viable de transición y pasó a considerarse una apuesta política sin brazo ejecutor.El plan sobre la mesa: estabilización y eleccionesCon ese diagnóstico, el escenario que ahora se explora es radicalmente distinto. La hipótesis en negociación plantea que Delcy Rodríguez asuma un papel central en la estabilización del país con respaldo de Estados Unidos, para posteriormente convocar elecciones generales.
Desde Washington insisten en que esto no se interpreta como un apoyo al régimen chavista, sino como una estrategia de contención y transición controlada, orientada a evitar un colapso total del Estado venezolano.
En este esquema, la relación es clara y asimétrica. Estados Unidos marca el rumbo, define los límites y gestiona los tiempos. Rubio actúa como uno de los principales articuladores políticos del proceso. Delcy Rodríguez no sería el centro de gravedad, sino el instrumento operativo.
Retórica dura hacia dentro, negociación hacia fueraUn elemento que ha llamado la atención en las últimas horas es la dureza del discurso público de Delcy Rodríguez. Sin embargo, los negociadores estadounidenses interpretan esa retórica como un mensaje dirigido a la base chavista, no como una señal de ruptura con el diálogo exterior. Es, en su lectura, una maniobra de control interno para evitar fisuras en el bloque oficialista.
Por ahora, y pese al ruido político, las conversaciones continúan. El desenlace sigue siendo incierto, pero lo que parece claro es que el futuro de Venezuela se está diseñando bajo una lógica pragmática: estabilidad primero, transición después y democracia solo si existen las condiciones reales para sostenerla.





