Nuestra capital ha sido una ciudad que en el pasado no se distinguió por el mantenimiento y conservación de sus monumentos, y en la actualidad continua sin hacerlo.
Desgraciadamente en un periodo de medio siglo, tanto la explosión del buque Cabo Machichaco (1.893), como el el posterior incendio del centro de la ciudad (Febrero 1.941) destruyó repetidamente en esas dos ocasiones, una serie de magníficos edificios sitos entre las calles Mendez Nuñez y Calderón de la Barca En ese mismo espacio de tiempo, y más concretamente en 1.915, quedó destruido por un incendio el Teatro Principal.
Afortunadamente cuatro años más tarde (1.919), la ciudad inauguraba el Teatro Pereda, el cual fue centro de grandes actuaciones, compartiendo parte de las correspondientes al Festival Internacional. De aquella época son la mayor parte de grandes teatros del resto de capitales: Bilbao (Arriaga), Gijón (Jovellanos), Oviedo (Campoamor),Barcelona (Liceo Valladolid (Calderón), Pamplona (Gallarre), San Sebastian (Victoria Eugenia), Cadiz (Falla),y así muchos más.
Mientras que a lo largo del último siglo todos los grandes teatros se renovaron, en Santander se procedió a demolerlo (1.966 ), debido a los intereses especulativos para construir pisos,y sin que los ciudadanos reaccionasen ante semejante barbaridad con la perdida de este centro de la cultura, en el que por otra parte, se perdía un edificio monumental del arquitecto Eloy Martinez del Valle, y que albergaba unas excelentes pinturas de Gerardo de Alvear.
Recientemente se ha vuelto a repetir una historia similar con la demolición del Palacio de Diputación, realizada por por el anterior Gobierno Regional, presidido por Miguel Angel Revilla, que decidió la demolición del Palacio de Diputación, donde estuvo a su vez ubicado el Museo de Prehistoria.
Este edificio estaba calificado “Bien de interés cultural” según orden Rl-51-0001398 fechada el 1/3/1962, y para proceder a su demolición, tuvo que anularse en 2.007 por orden del Gobierno, su catalogación de monumento.
Como se aprecia, resultó muy fácil la degradación, y su fin era disponer del espacio para la construcción del edificio proyectado por Moneo para el Gobierno de Cantabria. Realmente, esto no era necesario, pues sabían sobradamente que no disponían de fondos para la construcción del nuevo edificio, y actualmente no se cuenta con este proyecto para el futuro.
Con esta actuación dejaron a Santander sin su principal Museo durante un periodo de seis años. Demolieron un edificio monumental sin ninguna necesidad, ( que pudiera haberse utilizado para el propio Museo), y dejaron un solar vacío, al que ahora no se le encuentra destino.
Por otra parte se gastaron innecesariamente miles de euros tanto en la demolición del edificio, como el empaquetado y almacenamiento de los fondos del Museo de Prehistoria.
Mientras en los monumentos de cualquier ciudad no se colocan árboles que impidan la visión de los mismos , en la nuestra se ocultan en su mayoría colocando árboles a su alrededor, lo que demuestra que no hay normas que den prioridad para la visión de nuestros monumentos.Tal es el caso de Correos, donde los magnolios incluso entran por las ventanas. En la calle Somorrostro, donde el arbolado no permite ver la subida hacia la Catedral, ni el Banco de España, ni parte de Correos. Otro tanto ocurre con el pino ( vulgaris y retorcido) que ha crecido pegado a la noble pared del templo catedralicio, desprestigiandolo y que debería haberse retirado desde que apareció.
Para colmo de males, en la Catedral existe un tienducho abandonado y adosado a la misma que la desacredita, y pone en duda nuestra cultura arquitectónica y monumental. En cualquier otra ciudad con un mínimo de prestigio, esto no sucede. Solamente esta situación descalificaba la ciudad para considerarla Capital Europea de la Cultura en 2.016.
Por descontado, que sería muy interesante traspasar los árboles que sobran junto a las paredes del Banco de España, a los Jardines de Pereda,al tratarse de árboles singulares.
Nuestra Avenida de la Reina Victoria es una maravilla de la ciudad al poder pasear por ella contemplando nuestra bahía. Sin embargo, nadie se ha preocupado del crecimiento incontrolado de los arbolados que crecen en la ladera,lo que ha provocado que actualmente, en más del 50% del paseo, no se ve absolutamente nada, siendo indispensable proceder a una poda selectiva para poder seguir disfrutando de las fantásticas vistas de nuestra bahía.
Al monumental Mercado de la Esperanza se le desacredita con los puestos de venta que a lo largo de los años se han colocado adosados a sus fachadas, y que puede solucionarse con la propuesta que se ha presentado en el Ayuntamiento. También se le desacredita con los matojos que crecen en su fachada, al igual que sucede en la Catedral y en la fachada del Pasaje de Peña.
Las lamentables pintadas autorizadas en la fachada del Pasaje de Peña a unos rusos desconocidos que a nuestro buen entender titularíamos “Alabanza al botellón”, así como la posteriormente autorizada a un belga, junto al funicular del Rio de la Pila, con una serie de ratas peludas, debemos manifestar que no benefician a la imagen de Santander, y demuestran una falta total de buen gusto.
El colocar letreros con letras troqueladas en monumentos de la ciudad es además de anticultural, de muy mal gusto tal es el caso del Banco de España , y del Mercado de la Esperanza.
Todo lo anteriormente expuesto es real, y afecta de forma negativa a la monumentalidad. Por ello, deberían cuidarse más todos aquellos detalles, (y otros que no mencionamos), que afectan a la imagen de nuestra ciudad, y que con todo lo anteriormente expuesto sirva para conseguirlo.
Agustín Vaquero





