La llegada de menores extranjeros no acompañados (MENAs) a Cartes se está ejecutando con más prisas que explicaciones y con un patrón que empieza a ser habitual: decisión tomada arriba, aviso tarde abajo y vecinos informados cuando el asunto ya es irreversible.
El centro, ubicado en una casona adquirida por el Gobierno de Cantabria, contará con 18 plazas para chicos de unos 16 años, mayoritariamente de origen senegalés y maliense. Un recurso que el Ayuntamiento conoció apenas dos días antes de su activación, sin expediente administrativo y sin margen real de reacción. Todo muy integrado… salvo al propio municipio.
Mientras tanto, este sábado ya se incorporan los trabajadores de la Fundación Cuin para preparar el inmueble, aunque no existe fecha concreta para la llegada de los menores, que dependerá de los vuelos que habilite el Ministerio desde Canarias. Es decir, el centro se abre primero y ya veremos después cuándo y cómo llega su contenido.
Desde el Ayuntamiento se insiste en que los menores estarán acompañados en todo momento y que las salidas estarán controladas y vinculadas a un itinerario de integración. Un itinerario que, curiosamente, no se desarrollará en Cartes, sino en Torrelavega, donde recibirán clases de idioma y apoyo educativo. Cartes pone la casa; otros ponen los recursos.
La falta de Policía Local más allá de primeras horas de la tarde, la ausencia de informes públicos y la inexistencia de planificación municipal previa no parecen haber sido un obstáculo para ninguna administración. Ni para el Gobierno regional, que compra el inmueble y activa el recurso, ni para el Gobierno central, que impulsa el reparto de MENAs como si todos los municipios fueran intercambiables.
El pleno municipal del viernes, marcado por la tensión y el enfado vecinal, dejó una imagen clara: nadie sabe exactamente qué va a pasar, pero todo sigue adelante. La información llega a cuentagotas, tarde y mal, mientras se pide a los vecinos confianza, responsabilidad y calma.
Cartes se convierte en destino de una política migratoria impuesta, acelerada y sin consenso, donde la integración se promete, la planificación brilla por su ausencia y las explicaciones llegan siempre cuando ya no sirven para nada.







