La llegada de MENAs al centro de acogida de emergencia habilitado en Cartes sigue generando rechazo social y tensión política en el municipio, pese a los intentos de la Fundación Cuin por presentar la situación como un proceso de integración “positivo” y carente de problemas.
Desde la entidad gestora se insiste en que las reticencias iniciales de los vecinos se deben únicamente a una “falta de información”, un argumento que choca con la realidad vivida en Cartes, donde tanto el Ayuntamiento como los propios residentes denuncian que el centro se puso en marcha sin diálogo previo, sin planificación y a hechos consumados.
La fundación ha tratado de respaldar la apertura del recurso apelando al visto bueno del Instituto Cántabro de Servicios Sociales, obviando el debate de fondo: la saturación de recursos, la ausencia de consenso local y el impacto que este tipo de centros tiene en municipios pequeños, donde la convivencia se ve alterada de forma abrupta.
Actualmente hay seis MENAs alojados en el centro, de entre 16 y 17 años, y la propia entidad reconoce que desconoce cuántos más podrían llegar, ya que las derivaciones dependen directamente del Ministerio. Esta incertidumbre alimenta la preocupación vecinal, que teme que el recurso termine ampliándose sin control ni información pública.
Mientras la Fundación Cuin defiende su gestión y protege un modelo que depende de la llegada constante de derivaciones, muchos vecinos cuestionan que Cartes tenga que asumir en solitario una política migratoria decidida desde despachos lejanos, sin escuchar al municipio ni atender al rechazo expresado por buena parte de la población.






