La carta remitida por el secretario general de VOX, Ignacio Garriga, a Javier Ortega Smith —cuyo contenido ha trascendido— supone mucho más que un simple reproche interno: es la constatación definitiva de una ruptura política y personal dentro del partido, provocada por la actitud reiterada del hasta ahora dirigente.
El documento, extenso y de tono cada vez más duro, refleja cómo la dirección nacional ha tratado durante meses de reconducir una conducta que consideraban incompatible con la disciplina y la lealtad exigibles en VOX. Desde el inicio, Garriga afea a Ortega Smith no haber respondido a comunicaciones previas y persistir en una línea de actuación unilateral.
Uno de los ejes centrales de la carta es la crítica a sus intervenciones públicas, especialmente entrevistas en medios donde cuestionó decisiones internas. Para la dirección, esto no es una discrepancia legítima, sino una “vulneración grave” de las normas del partido, más aún tratándose de alguien que ocupó responsabilidades orgánicas de primer nivel.
El texto también apunta directamente a la estrategia política de Ortega Smith, señalando que su discurso encaja con el relato impulsado por el Partido Popular y determinados medios afines. En plena fase de crecimiento de VOX, Garriga considera que sembrar dudas internas solo puede interpretarse como una forma de debilitar al partido desde dentro.
Pero el aspecto más revelador de la carta es el recordatorio del pasado reciente del propio Ortega Smith. Garriga le acusa de incoherencia al mostrar ahora cercanía con compañeros a los que anteriormente quiso apartar. En concreto, menciona un “informe durísimo” contra Rocío Monasterio e Iván Espinosa de los Monteros en el que pedía su cese.
Aún más contundente es la referencia a la respuesta que, según el propio Garriga, dieron entonces esos dirigentes, llegando a exigir que Ortega Smith fuera sometido a tratamiento psiquiátrico por su comportamiento. Un episodio que deja en evidencia la gravedad de las tensiones internas que ya existían y desmonta el actual relato victimista del exsecretario general.
La carta también incide en su falta de disciplina y en su tendencia a actuar al margen de las directrices del partido, desoyendo instrucciones y generando confusión entre afiliados y simpatizantes. Para la dirección, esta actitud no solo es desleal, sino dañina para el proyecto común.
Otro punto clave es el reproche por ignorar a nuevos perfiles del partido, como Carlos Hernández Quero, lo que se interpreta como un desprecio hacia la renovación interna que VOX está impulsando en esta nueva etapa.
Además, Garriga desmonta cualquier intento de Ortega Smith de presentarse como una figura imprescindible, recordándole que en VOX no existen “fundadores” ni “camisas viejas” con privilegios por encima de los estatutos. El mensaje es claro: nadie está por encima del proyecto.
El tono final de la carta ya no deja espacio para la reconciliación. Garriga asegura no escribir para abrir debate, sino para dejar constancia de la posición de la dirección ante unas conductas que considera inaceptables.
La frase que cierra el escrito resume el sentir de la cúpula de VOX y marca un antes y un después: “Si no puedes sumar, al menos deja de restar”.
En definitiva, el contenido de esta carta no solo explica la salida de Ortega Smith de la dirección, sino que también desacredita a quienes, como Iván Espinosa de los Monteros, tratan ahora de cuestionar el rumbo del partido, pese a haber formado parte de las mismas tensiones internas que hoy salen a la luz.







