La candidatura de Se Acabó La Fiesta (SALF), liderada por Luis Alvise Pérez, cerró las elecciones autonómicas del 8 de febrero con un balance claramente negativo cuando se contraponen los datos exactos al relato triunfalista de su líder.
Según el escrutinio oficial, SALF obtuvo 17.986 votos en el conjunto de Aragón, lo que representa un 2,74 % del total. En la circunscripción de Zaragoza, donde concentró la mayor parte de su apoyo electoral, la candidatura reunió 13.912 votos, quedándose a 1.248 papeletas del último escaño, que fue para Izquierda Unida–Movimiento Sumar.
Estas cifras desmienten de forma clara las afirmaciones realizadas por Alvise durante la noche electoral, cuando aseguró que estaban “a unos pocos cientos de votos” de lograr representación. La distancia real fue superior al millar de votos, una diferencia relevante en términos electorales y muy lejos del umbral necesario para entrar en las Cortes de Aragón.
Más allá de no lograr ningún diputado, el resultado deja una consecuencia política evidente: SALF no restó escaños a la izquierda, sino que fragmentó el voto de la derecha. Una parte sustancial de esos 17.986 votos procede del mismo espacio electoral al que se dirige Vox, por lo que la irrupción de la candidatura de Alvise debilitó las opciones de Vox de mejorar su representación, especialmente en Zaragoza.
El balance final es claro: SALF superó en votos a Podemos y al PAR, pero no transformó ese respaldo en poder institucional, no condicionó la gobernabilidad y terminó actuando como un factor de dispersión del voto dentro de su propio bloque ideológico. Mucho ruido, cifras infladas en el discurso y cero escaños cuando llegó el momento decisivo del reparto parlamentario.







