Cantabria vuelve a batir su propio récord negativo en natalidad. Los 2.973 nacimientos contabilizados el último año sitúan a la comunidad en el peor dato desde que existen registros, incluso por debajo de los 2.976 anotados en 2023. La región no solo no logra frenar la caída iniciada en 2008, sino que profundiza en ella.
El contraste con el conjunto nacional es evidente. España experimenta un ligero repunte cercano al 1%, hasta los 321.164 nacimientos en 2025, aunque la cifra continúa muy lejos de los más de 420.000 alumbramientos que se registraban en 2015. Cantabria, en cambio, sigue instalada en una dinámica descendente que parece estructural.
Un descenso que ya es tendencia
El pequeño aumento de 37 partos observado en 2024 fue solo un paréntesis dentro de una trayectoria claramente negativa. A ello se suma un retraso cada vez más acusado en la edad de maternidad: a nivel nacional, una de cada diez madres tiene 40 años o más cuando da a luz, un indicador del cambio social y económico que influye en la decisión de tener hijos.
En Cantabria, el problema no es solo que nazcan pocos niños, sino que la población envejece a mayor velocidad que en otras comunidades.
Más muertes que nacimientos, y por amplio margen
La otra cara de la estadística la ofrecen las defunciones. En el último ejercicio se registraron 6.177 fallecimientos, un 1,2% más que el año anterior. Aunque lejos del pico excepcional de 2022, la cifra confirma que la mortalidad sigue siendo elevada en una comunidad con una de las edades medias más altas del país.
El resultado es un saldo vegetativo negativo de 3.204 personas: más del doble de fallecimientos que nacimientos. Cantabria acumula esta tendencia negativa desde 2011 sin que haya logrado revertirse.
Inmigración como único sostén demográfico
En paralelo a esta caída de la natalidad, el crecimiento poblacional que en algunos momentos ha experimentado la región se ha debido principalmente a la llegada de población extranjera. La inmigración se ha convertido en el principal factor que amortigua la pérdida de habitantes, compensando parcialmente el saldo vegetativo negativo.
Sin embargo, distintos analistas coinciden en que no existe una estrategia integral de apoyo a la natalidad que complemente esa realidad migratoria. Las ayudas directas por hijo son limitadas, la conciliación laboral sigue siendo una asignatura pendiente y el acceso a la vivienda continúa siendo un obstáculo para muchas parejas jóvenes.
De este modo, mientras la inmigración sostiene parcialmente el padrón, el número de nacimientos propios continúa cayendo, lo que agrava el envejecimiento estructural.
Cantabria, entre las más envejecidas
La comunidad cántabra forma parte del grupo de territorios con mayor pérdida natural de población, junto a Galicia y Castilla y León, que lideran los saldos negativos en términos absolutos.
Solo cuatro territorios lograron crecimiento vegetativo positivo en 2025: la Comunidad de Madrid, la Región de Murcia y las ciudades autónomas de Melilla y Ceuta.
Un reto a largo plazo
La combinación de baja natalidad, alta mortalidad y dependencia de la inmigración para sostener la población plantea un desafío de fondo. El mantenimiento de los servicios públicos, la viabilidad del sistema de pensiones y el relevo generacional dependen de una estructura demográfica equilibrada.
Hoy, Cantabria se enfrenta a un escenario claro: si no se adoptan medidas eficaces para favorecer que más familias puedan tener hijos en la región, el envejecimiento seguirá avanzando y el peso demográfico dependerá cada vez más de factores externos.







